Cumpliendo años, cumpliendo sueños: III Qayart Al Kantar (maratón BTT)

“Lo podrás explicar y la gente podrá ver lo que han visto tus ojos. Podrás hacer fotografías y podrán escuchar cómo silban los pájaros o cómo la nieve mece las ramas de los árboles. Podrás escribirlo y podrán incluso sentir el viento en la cara o el olor a tierra mojada. Pero nunca podrás lograr que sientan la emoción que tú has sentido al estar presente. No podrás conseguir que sus ojos lloren como han hecho los tuyos o que su corazón palpite como ha hecho el tuyo.”

                                                   (Kilian Jornet, Correr o morir)

A punto de cumplir años se me presentaba de nuevo la oportunidad de poder celebrar ese día con un regalo especial. Una vez más tenía en fechas cercanas al 30 de septiembre la oportunidad de regalarme uno de esos retos que tanto me gustan y me motivan.

El 27 de septiembre de 2014 se corría la Qayart Al Kantar una maratón de BTT que lleva realizándose unos años en la provincia de Granada formando parte de las carreras que puntúan para el campeonato de Andalucía de BTT.

Os dejo un pequeño video de la carrera:

Desde que descubrí la carrera tenía claro que mi objetivo era prepararme para correrla y cubrir un reto más. Ya había participado en una carrera de fondo en carretera, así que ahora me tocaba ponerme a prueba en una de BTT.

Pasé los meses anteriores a la carrera recorriendo con mi bicicleta de montaña todos los caminos y senderos que podían acercarme a una forma aceptable para correr la Qayart Al Kantar, intentando cubrir el kilometraje de la prueba y acercándome a los desniveles que se subirían. Lo que peor llevaba de cara a mi participación eran los descensos, algo lógico en alguien que siempre ha practicado el ciclismo de carretera y que no termina de acostumbrarse a las típicas trialeras del BTT, a esas bajadas donde te encuentras raíces que emergen de la tierra, rocas que estrechan el sendero, etc, etc. A pesar de este inconveniente, el reto de enfrentarme a algo nuevo, de hacerlo con otras personas y de poner a prueba mi resistencia y mi propio cuerpo en una carrera como esta superaba cualquier miedo o duda que pudiese asomar por mi cabeza.

Pocas semanas antes de la prueba intentaba reconocer todo el trayecto que me tocaría recorrer el día de la carrera, reconocer el terreno, medir mis fuerzas y conocer algunas de las subidas. Exploraba los alrededores de Quéntar, Aguas Blancas, Fuente Alta, La Argumosa… cualquier ruta la hacía pasar por los alrededores de la prueba para preparar las piernas para lo que se me venía encima. Salía solo, a veces pasando horas conmigo mismo, conociendo caminos nuevos, encontrándome en medio del monte, sin nada ni nadie a mi alrededor que no fuera la naturaleza, mi bicicleta y mis propios pensamientos. ¿Se puede pensar mientras subes una fuerte pendiente y clavas tu mirada en el final del ascenso o en la próxima curva esperando el deseado descanso para tus piernas? Sí, en mis años he descubierto que se puede pensar, pero además te inundan pensamientos mucho más profundos que los que puedes tener sentado en una silla o un sofá. Mis sueños nacen con cada kilometro que recorren mis piernas, mis miedos duermen cada minuto que paso lejos del constante murmullo de la ciudad.

27 de septiembre, 6.30 a.m. Me despierto temprano. Después de tomar un desayuno cargado de hidratos de carbono (unas galletas, cereales y pan), repaso de nuevo la bici, compruebo que todo lo que tengo que llevar está en su lugar. El pulsometro, para controlar los esfuerzos aunque casi ni lo mire una vez montado sobre la bici; un par de barritas energéticas, sin chocolate para no poner perdido el maillot; un sobre de glucosa, esta vez quería tener la reserva por si el esfuerzo acababa con mis fuerzas; los bidones, uno de agua congelada y otro de sales minerales para ir dosificando; chubasquero, el día amanecía nublado y todo hacía prever que tocaría ponerlo; manguitos y perneras, porque parecía que el frío me iba a acompañar en el camino.

Todo estaba listo y a las 7.30 a.m. montaba sobre mi bici para recorrer los aproximadamente 14 Km que me separaban del lugar de salida de la prueba. Mientras me encaminaba hacia Quéntar repasaba cada lugar que conocía de la ruta en la que me iba a embarcar. Las piernas temblaban. Sentía como ese momento en que vas a enfrentarte a algo que no sabes si has preparado lo suficiente, era como un examen, con la particularidad de que era uno de esos exámenes en los que solo tú mismo puedes ponerte la nota, una prueba contigo mismo, algo que iba a disfrutar pero que también me iba a hacer conocer mis propias fuerzas, mis límites y mis posibilidades.

Aún no llovía y yo albergaba la esperanza de que esas nubes que cubrían el cielo nos dieran tregua durante la carrera. Pedaleaba tranquilo, evitando gastar fuerzas que pudiese necesitar durante la carrera. Por fin, después de un buen rato de camino llegaba al pueblo de Quéntar, allí en pleno centro neurálgico del pequeño pueblo todo estaba lleno de ciclistas que recogían los dorsales o esperaban la salida desayunando en los bares de alrededor. La gran mayoría, por no decir todas las personas que se disponían a correr, llegaban en coche o furgoneta. Yo observaba todo a mi alrededor, y después de acercarme para recoger mi dorsal (me tocó el 174) decidí acercarme a un bar y volver a tomar algo (un zumo y media tostada). Es curioso, me encontraba más nervioso que en aquella ocasión en la que me metí 180 Km. en las piernas, no sé si era por el tiempo de espera añadido, por ver la cantidad de personas que se agolpaba en la salida o por pensar en lo duro que era el recorrido (íbamos a subir un desnivel acumulado de 2.234 m, subiendo a una altura máxima de 1.586m).

Durante el desayuno tengo la oportunidad de hablar con una de las participantes en la carrera. Ella ya es la segunda vez que participa y me expresa su inquietud por saber que tipo de “trampas” han preparado esta vez. Me comenta que en la última edición metieron algunas trialeras de miedo. Ni que decir tiene que comparto su inquietud, aunque lo que yo siento es más bien miedo ante lo que me puedo encontrar.

Daban el aviso para diriguirse hacia la salida, yo me iba acercando, quedandome por la parte trasera. Mientras tanto el speaker comenzaba a nombrar a ciclistas profesionales que estaban en la carrera, algunas/os para preparar los campeonatos de España, otras/os retirados del ciclismo de carretera y que ahora corrían estos campeonatos de Andalucía. Más de 240 corredoras y corredores dispuestos a ponerse a prueba. Os podéis imaginar que más que relajarme los nervios seguían en aumento.

¡Se lanza la salida! (Aquí, como en todas las carreras de BTT, al contrario que en las cicloturistas de carretera no hay tramos neutralizado… ¡a tope desde la salida!). Llevo un desarrollo alto, sabiendo que lo primero que nos espera ya comienza a ser duro. Tras un pequeño repecho por carretera para salir del pueblo nos enfentamos a una bajada, también asfaltada, que nos dejará al comienzo de la primera subida. A penas ha transcurrido 1 Km 800 metros y ya estamos subiendo.

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Comienzan a adalenatarme corredores, yo me relajo, voy tranquilo e intento controlar el paso por el primer punto de control, que está situado al final de la subida y al que tengo que llegar antes de que lo cierren. Me encuentro bien en un principio pero, a mitad de subida comienzo a notar que me estoy quedando con las piernas bloqueadas, ¿¡qué mierda me pasa!?. Sigo adelante, sabiendo que el último tramo de subida tiene la pendiente más dura de toda la carrera (21,8 %). Miro el pulsómetro, estoy en el límite de tiempo, aprieto y empujo hacia arriba todo lo que puedo. Al fondo veo a la persona que va controlando el paso, comienzo a pensar que parece mentira, solo 5 Km de carrera y voy a llegar fuera de tiempo al primer paso de control. Paso, justo en el tiempo límite (en cualquier caso no creo que me pararan si me hubiese pasado del tiempo), y aún así pienso que por detrás mia aún debe venir alguien (o intentaba consolarme con eso jejeje). A partir de aquí, bajada hacia el pantano de Quentar, primer avituallamiento y camino a encontrarme con la siguiente subida.

Aún en todo el camino no me había cruzado con nadie desde la primera subida. Estaba a punto de entrar en la segunda subida, camino de Aguas Blancas, hacia el Barranco de la Zarzadilla. Apenas 14 Km y 600 metros de carrera y comenzaba una nueva subida que coronaríamos en el kilómetro 22, el alto de la Fuente de la Torre. Al fondo, no muy lejos de mí, veía a dos ciclistas. Conocía perfectamente la subida de pasar por ella en casi todos mis entrenamientos, así que comencé regulando bien y sabiendo que era una subida que no se hacía muy dura a pasar de que el barro agarrara aún más las ruedas. Justo a mitad de subida alcancé a los dos ciclistas que iban por delante, se trataba de dos chavales, muy jóvenes. Les animé y ellos a mí. Me causó una gran admiración ver a dos chicos tan jóvenes enfrentándose a una carrera tan dura y tan larga para la BTT.

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La carrera continuaba, nuevo paso de control y avituallamiento en el alto de montaña. Seguimos camino de La Peza (Km 36,686) pasando por el puerto de Fuente Alta. Justo antes de llegar a La Peza me enfrento a un primer descenso rápido, pero peligroso, en este mismo descenso me cruzo con otro compañero de fatigas. Ha pinchado. Paro a ofrecerle ayuda, pero me dice que continúe, que todo está controlado. Por fin, La Peza. Avituallamiento, lleno los bidones que están practicamente vacíos; me como un poco de plátano y guardo otros 2 trozos; aún tengo el gel de glucosa en el maillot. Qué sería de quienes participamos en estas carreras sin el apoyo de estas personas que en determinados puntos nos animan a comer y rellenar agua. En esta ocasión los puntos de avituallamiento los habían montado la gente de Balakook, a los que conocía por ser mi tienda de referencia a la hora de arreglar cualquier problema de mis bicicletas, ¡qué enorme trabajo!. El siguiente tramo es largo y duro hasta el próximo avituallamiento. Afortunadamente esas fuerzas que me faltaron en los primeros kilómetros de la carrera han ido volviendo poco a poco a mis piernas. Me siento bien, con ganas de enfrentarme a los tramos finales, ansioso por descubrir la próxima subida, una de las pocas que no conozco y que me puede dar más de una sorpresa. A través de la pista por la que transcurre la Transnevada nos vamos a enfrentar a la subida al mirador de la Bermeja, 7 kilómetros de subida con pendiente irregular y constante.

Volvía a adelantarme aquel compañero que había pinchado en la bajada hacia La Peza, intento pegarme a él para continuar la subida pero, su ritmo es demasiado alto para mí, así que decido continuar con el ritmo que había puesto al principio. La subida se hace larga y justo a mitad de puerto la lluvia comienza a apretar. Decido parar y colocarme el chubasquero. Llueve con fuerza. Las gotas de agua van cayendo desde el casco por mi cara, la pista comienza a embarrarse, agacho la cabeza, solo pienso en llegar arriba y lanzarme hacia abajo. Lo de lanzarme es un decir, porque las precauciones son mayores con lluvia, al menos para alguien que como yo solo se juega la enorme satisfacción de la superación personal en esta carrera.

Volvemos a tomar la pista del Área recreativa de Aguas Blancas, en esta ocasión para dirigirnos al Barranco del Polvorista. Nueva subida, 4 Km cortos, pero duros que me van a llevar a los últimos 20 km de carrera. El cuerpo empieza a notar el cansancio, que sumado a la lluvia y el barro, siembran el deseo de llegar cuanto antes al final de esta aventura. En mi cabeza solo hay sitio para un pensamiento, la meta. Cruzar, dejarme caer sobre el manillar de mi bici, disfrutar de una nueva aventura, pero esta vez con la mente, centrada en el recuerdo de cada metro recorrido, cada paisaje disfrutado, cada momento de sufrimiento para las piernas y de sueños para la mente. Decido tomar el gel de glucosa que aún conservaba en el maillot, pienso que es el momento oportuno para hacer que un nuevo chute de hidratos me ayude a terminar los últimos kilómetros, esos momentos en los que solo sobre la bici, subiendo por estas sendas me llego a preguntar por qué termino metiéndome en estas locuras. Sé la respuesta y sé que nada me hará dejar de plantaarle retos físicos a mi cuerpo y a mi mente.

¡Ya está! A penas quedan 6 kilómetros y lo que queda es bajada. Todo está superado, me queda disfrutar, la última subida a los Tajos del Agarradero me ha hecho sufrir, pensar que no llegaba, sentir que la subida se eternizaba sobre el sillín de mi bici, buscar constantemente la referencia que me marcara el final de la pendiente ascendente y el principio del fin, el principio de la placentera bajada hacia la meta en Quéntar. Un momento, ¡¿Qué es esto?!. Mi gozo en un pozo, toda la adrenalina soltada al llegar al alto, toda la relajación para la que mi cuerpo se estaba preparando, aquella sensación de placer al pensar que solo me quedaba disfrutar de 6 kilómetros de bajada hacia Quéntar desaparecen para dejar paso a la concentración, ¡aquí está la sorpresa!. Esto no es una trialera ¡es un crimen!. Comienzo subido en la bici, bajando con los frenos bien tensados entre piedras que sobresalen hasta dar en los pedales o en los talones de mis zapatillas. Saco una pierna del pedal y apoyo, apenas son 300 metros de bajada pero, ¡parecen kiómetros!. Decido poner pie a tierra y hacer los últimos metros a pie, con extremo cuidado de mirar donde piso. Ahora sí, salgo al cruce con la carretera entre Quéntar y el Pantano de Quéntar, la guardia civil me indica la entrada hacia el pueblo, una última bajada, un pequeño recorrido por alguna de las calles del pueblo, un repecho más. Escucho el jaleo de la gente, el speaker continúa hablando, siguen llegando corredores a la meta, estoy a punto de girar la última curva. Ahí está, todo ha acabado, o mejor dicho, todo comienza de nuevo, porque en mi cabeza ya comienza a resonar la idea de un nuevo reto. Pero, ahora no. Ahora solo hay tiempo para comer y beber, darle un abrazo a Eli que ha esperado paciente a que llegara, imagino que con la incertudumbre de si finalmente lo conseguiría. Soy el último de mi categoría y apenas he llegado por delante de 3 o 4 corredoras/es. Otras/os abandonaron por el camino o no superaron los tiempos. Nada de eso importa, solo importa haberme superado una vez más, haber cumplido un nuevo sueño, un nuevo reto.

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En realidad, por más que a través de estas extensas entradas en mi blog trate de explicar las sensaciones o vivencias de estas carreras, no creo que nada pueda hacer llegar a quien se atreve a leerlas la placentera sensación de alcanzar la meta después de tanta preparación, de tanto soñar con conseguirlo y de tanto sufrir por seguir adelante.

Os dejo un enlace a la ruta en Strava y wikiloc, y las clasificaciones finales completas.

En STRAVA: https://www.strava.com/activities/200144997

En WIKILOC: http://www.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=10361620

Clasificaciones: http://www.zonarfec.com/documentos/carreras/5/doc_542a611c2d9b21.17039022_clasificaciones.pdf

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