Un regalo de cumpleaños (el año que cumplí un sueño)

Desde hace bastantes años tengo por costumbre hacerme mi propio regalo de cumpleaños, una forma de animarme a mí mismo a seguir adelante, cuando no de poner al límite mis capacidades físicas y mentales.

Desde que tengo uso de razón he practicado algún deporte. Comencé jugando al fútbol en distintos equipos, el fútbol fue y es mi pasión pero, practicarlo, jamás fui un amante de sentarme a ver ningún partido y hoy soy ante todo y sobre todo muy crítico con aquello que quieren llamar fútbol y yo llamo “negocio”. Practiqué atletismo un tiempo, corriendo también algunas carreras, pero mi verdadera pasión llegó con el ciclismo, un deporte que me contagió mi padre y con el que comencé a disfrutar del placer de sentirme libre conociendo nuevos lugares y sintiendo la felicidad de superarme a mí mismo cada día.

Del diario:

– 30 de Septiembre de 2007.

“El camino hasta aquí ha sido bastante duro. En realidad nunca pensé que podría llegar a estar en forma para hacer una locura como esta, aún hoy no sé si esto es buena idea, ni siquiera si podré llegar a completar el recorrido”

…-

Perfil del recorrido completo de la marcha

Perfil del recorrido completo de la marcha

Todo comenzaba unos 3 meses antes, cuando buscando algún nuevo reto por realizar me topaba con la IV Marcha cicloturista Juan Martínez Oliver, Miré el recorrido y me enamoré del perfil, aquello parecía la etapa de cualquier Tour de Francia o Vuelta a España, de hecho fue parte de las etapas de la vuelta en 2004 y 2006 y posteriormente en 2009.

Estaba decidido, tenía que comenzar a prepararme para poder participar en aquella carrera cicloturista. Había algo más, tenía el firme propósito de demostrar que un mindundi como yo, que solo comía espaguettis y llevaba una fruta o galletas para sus salidas en bici también podía correr una cicloturista de estas, ya sabéis…

Comencé a plantearme un entrenamiento más o menos a medida, subiendo poco a poco los kilómetros que hacía y mejorando las prestaciones en subida por los alrededores de Granada. La fecha se acercaba y no veía nada claro, aún en Agosto no me había apuntado a la carrera.

Ese mismo mes de Agosto tuve la suerte, junto a Jumi y Lydia, de ir de vacaciones a Benasque. Las vacaciones son para disfrutarlas y yo lo hice, pero además de disfrutar de la compañía, el paisaje y los buenos ratos me propuse disfrutar de la bici por aquellas montañas de los Pirineos. Resultó difícil meter la bici en un Nissan Micra donde además tenían que viajar nuestros equipajes y nuestros cuerpos. Dificultad que creció por la oposición (Lógica, por otra parte) de mis compis de viaje a mi propuesta. Después de propuestas y debates finalmente puede meter mi querida orbea en el maletero del Micra mientras yo viajaba con todo el equipaje encima en el asiento de atrás. Sacrificios que uno está dispuesto a hacer por, por… por cabezonería, mejor no buscar justificaciones.

Estaba en los Pirineos, en Benasque y mi prueba de fuego sería hacer una ruta por aquellos parajes con la subida final a Ampriu- Cerler. Mis sensaciones y mis fuerzas tras aquella ruta marcarían mi decisión definitiva sobre la posibilidad de inscribirme en el la Marcha cicloturista Martínez Oliver.

Perfil de la subida a Ampríu Cerler. (imagen extraída de http://www.adrianlorente.com/puertos/datos/HU/cerler-ampriu.html)

Perfil de la subida a Ampríu Cerler. (imagen extraída de http://www.adrianlorente.com/puertos/datos/HU/cerler-ampriu.html)

Después de aquel día no había nada más que decidir, cogí el ordenador (sí también  me había encargado de echarlo al equipaje) busqué junto a Jumi un punto wifi en el pueblo de Benasque (sorprendentemente sí que había) y me inscribí en la IV Marcha cicloturista Martínez Oliver. No había vuelta atrás y lo único que me quedaba era seguir entrenando y preparándome, para ello contaba con todo el mes de septiembre en el que tendría que buscar la forma de combinar mi trabajo y horario como camarero con las intensas horas de preparación sobre la bici.

———

Y todo para que llegara este preciado día. Hay quien constantemente me ha preguntado – ¿para qué? ¿qué necesidad tienes de hacer eso? ¿qué ganas tú haciendo una burrada así? ¿acaso te pagan?-

Queréis que os diga cual es la respuesta a todas esas preguntas: “Libertad”. Nunca he logrado sentirme más libre que cuando montado en mi bicicleta recorro carreteras y senderos, a veces conocidos otras veces por descubrir, no hay nada que pueda pagar la sensación que produce llegar a lo más alto de una subida y disfrutar mientras desciendes de los recuerdos del camino recorrido. Son sensaciones, sentimientos y lógicas que escapan a la progresiva mercantilización de la vida en la que nos adentramos como sociedad día a día. Es una forma de escapar de todo durante unos instantes, unas horas. Una forma de saberte capaz de todo lo que nunca pudiste creer alcanzar.

Llegué a Almería un día antes de la marcha cicloturista, en tren, con el suficiente tiempo de viaje para plantearme todo lo que me quedaba por delante al día siguiente. Había cogido una habitación en un hotel de la ciudad y un gran amigo, Enrique (o el “bisbi” como lo llamamos algunos amigos y compañeros de carrera) me enseñó esa misma noche parte de la ciudad. Más tarde llegaría mi padre junto con su mujer y mi hermana. Habían decidido ir para acompañarme y llevarme de vuelta a Granada después de la marcha.

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En el hotel la noche antes preparando las cosas para la marcha

del diario:

– 29 de septiembre de 2007.

“No sé por qué pero estoy nervioso. Mañana es mi cumpleaños y se me ha ocurrido regalarme 165 kilómetros sobre la bici. Tengo dudas de que vaya a terminar y mi mayor miedo es enfrentarme a la dificultad de rodar en gran grupo, no saber moverme bien entre tanta bicicleta, caerme o lo que sería peor, provocar la caída de alguien…”

La noche anterior a la marcha no conseguía coger el sueño y peor que eso, saber lo importante que era dormir bien el día antes me causaba un mayor estrés que generaba una mayor incapacidad de dormir.

30 de septiembre por la mañana.

Todo estaba listo. Después de un copioso desayuno de hidratos de carbono me disponía a montarme sobre la bici para una hora después salir rumbo a alcanzar mi preciado regalo de cumpleaños. Como compañeros de viaje llevaba mi bici, los nervios hicieron que se me olvidara en Granada el pluviómetro y el cuentakilómetros de la bici, pero poco importaba aquello, para mí lo realmente importante era disfrutar aquellas horas y terminar aquel reto.

Para alimentarme (al margen de lo que la organización nos diera en los puntos de avituallamiento) llevaba un plátano, varias galletas (son compañía indispensable en mis salidas) y dos barritas de cereales de esas de supermercado. en los bidones uno de lleno de agua y otro de Aquarius. Sí, yo no conocía ni había probado los geles, ni la glucosa o barras proteicas…

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Lo primero que sorprende en una marcha de estas es la inmensa cantidad de participantes que te encuentras, mujeres, hombres, más jóvenes, mayores, más profesionales, menos…

Salida en la ciudad de Almería

Salida en la ciudad de Almería

Situarme en la línea de salida ya fue toda una odisea, y cuando por fin se da la salida por megafonía notas como el corazón te va a mil por hora, casi como si estuviese subiendo un puerto con rampas del 12 o 13 por ciento de desnivel. La sensación de sentirte perdido mientras ves como te adelantan por un lado y por otro y de buenas a primeras te descubres en cola del pelotón como si una marabunta de bicicletas te hubiese engullido poco a poco mientras tú estabas absorto observando todo lo que sucedía a tu alrededor. Es entonces cuando entiendes todo aquello que sabes en teoría, pero que tan difícil resulta llevar a la práctica, todas esas dinámicas que se dan en el pelotón: por donde subir, como buscar el hueco, mantener el ritmo, y todo en un pelotón que ¡iba neutralizado hasta llegar a la primera subida del día!.

En el kilómetro 51 comenzaba la primera subida del día, el ascenso al alto del Velefique, justo antes del comienzo del puerto se realizaba el primer avituallamiento, momento para coger algo de fruta, más líquido y aprovechar para parar y vaciar los líquidos injeridos en el desayuno y acumulados en la vejiga (este es un aspecto poco conocido, pero con estos kilometrajes quienes van en bici también tienen necesidades fisiológicas aunque no salgan en la tele ni se comenten, no son extraterrestres…)

Perfil y altimetría del alto del Velefique

Perfil y altimetría del alto del Velefique

Se daba la salida lanzada, tramo libre y comenzaba la subida a este coloso del sur. Sobre el papel, para mí esta primera subida era la más dura (claro que sin conocer ninguna de las dos), no tenía ningún descanso y varias rampas subían en porcentaje del 14%, tenía claro que los primeros kilómetros de subida tenía que frenarme mucho (como si yo fuese a correr demasiado…). En cuanto dejan libertad de movimientos asombra ver las aceleraciones de la gente. Comienzan a pasarte bicis por todas partes, ves como te van dejando atrás y de vez en cuando, para consolarte o simplemente para comprobar que no vas el último miras hacia atrás y suspiras “uf aún hay quien va peor”.

Durante la subida al Velefique

Durante la subida al Velefique

Fue en los primeros kilómetros donde comencé a hacer amigos, primero con otro chico que cogí al principio de subida, ambos llevábamos más o menos un ritmo parecido y participábamos por primera vez en una marcha cicloturista. Es agradable la forma en que se comparten experiencias de este tipo sin preparación ni intención previa de hacerlo. Poco a poco íbamos alcanzando gente, en algunos momentos nos decíamos nos empujábamos a subir el ritmo o a calmar nuestra marcha:

– ¿Cómo vas?

– Bien.

– ¿Tiramos por aquellos? ¿un poco más de ritmo?

– ¡Vamos!

Pasaba un fotógrafo de la organización, alcanzábamos a algunos más. La adrenalina que inundaba mi cuerpo crecía por momentos al ver que pasaban los kilómetros y mis piernas respondían a la subida de una forma impresionante, ningún atisbo de dolor, de cansancio o de fatiga. Casi no pensaba en que después de llegar a la cima aún me quedarían 100 Km para terminar la marcha, nada me hacía pensar en lo que estaba por llegar…

MBG_0251 Recorte

El descenso fue otra experiencia inolvidable, sobre todo porque ahora veía como me adelantaban todas aquellas personas que en la subida había pasado, es decir, como bajador a pesar de no tocar mucho el freno se veía que no tenía experiencia alguna. Quizás tampoco jugaba muy a mi favor los 63 Kg. con los que me había plantado en la salida, un delgaducho con pocas piernas para rodar, algo que sufriría más adelante.

Nuevo avituallamiento en Bacares Km 76. Oportunidad para llenar los bolsillos con toda la fruta y comida posible, en mi caso sobre todo plátanos y alguna barritas, mucha líquido y… de nuevo a la carga.

Otra vez la carretera se ponía cuesta arriba, pero algo había cambiado en mi cuerpo. Apenas llevaba dos kilómetros de subida, íbamos juntos un grupo de unos 5 o 6 participantes, haciendo grupeta y poniendo un ritmo en el que todos fuésemos cómodos. Pero yo no iba para nada cómodo, no era cansancio ni fatiga, mi respiración fluía perfectamente pero, mi rodilla izquierda no me dejaba caminar. El dolor era cada vez más agudo, subí marchas para mantener un pedaleo lo más ligero posible pero me era imposible transmitir fuerza a los pedales, mi ritmo era paulatinamente más lento. Me quedaba del grupo. Aquel compañero con el que había realizado la anterior subida completa, con el que tan buena amistad había hecho se puso a mi lado para preguntarme y seguir conmigo. Pero yo no sabía si podría terminar y sabía que no podía hacer que otra persona se quedara conmigo sin saber si yo podría terminar todo el recorrido. Le dije que siguiera, que no se preocupara que vería si podía terminar y si no me bajaba. Mentira. En mi cabeza no se encontraba la posibilidad de bajarme de la bici, mi deseo de terminar era demasiado grande como para dejar a medias aquel loco regalo de cumpleaños.

Bajé el ritmo, en cada pedalada el dolor de mi pierna se agudizaba. En cualquier otro momento, en cualquier salida por los alrededores de Granada me habría bajado de la bici… Mentira. Habría bajado el ritmo como bici aquel día, habría tardado 3 horas más en terminar mi recorrido, pero algo muy grave debe pasar para bajarme de la bici.

Iban pasando los kilómetros y ahora sí que iba solo. A mitad de puerto, poco antes del pequeño descansillo empezaba a encontrarme mejor de la pierna, el dolor no dejaba de estar ahí, pero no era tan agudo, pasé a otro participante y me acercaba a la cima poco a poco pero a ritmo constante. El descanso supuso un soplo de aire fresco para mi rodilla y solo me quedaban los 4 últimos kilómetros de subida y la dura rampa del 14% que se encontraba a unos 2 kilómetros de la cima.

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Ya veía el paso por la cima, la medición de tiempos… ¿¡¿¡Qué!?!? ¿qué habían quitado ya la medición de tiempos?. Nada importaba, tan solo la satisfacción de haber superado los problemas de la subida y encontrarme en la cima del Calar Alto era suficiente para hacerme sonreir. Nadie que no haya subido un puerto en cualquiera de las formas posibles puede comprender la sensación que recorre el cuerpo después del esfuerzo realizado. Cerrarse el maillot, bajar las marchas y meter el plato grande para enfrentarte al viento mientras desciendes acoplándote lo más posible a la bicicleta, negociar las curvas, calcular el momento de frenado, lanzar la bici en cada recta…

Las Alcubillas Km 126. Justo al final de la bajada terminaba el tramo libre, la carrera volvía a estar neutralizada y justo antes de esa neutralización había un nuevo avituallamiento.

Era aquí, en este avituallamiento en Las Alcubillas donde la organización nos comunicaba que estábamos fuera e tiempo, que teníamos que subir al autobús y terminar los 43 kilómetros que restaban de marcha en bus o por el contrario no se responsabilizaban de nosotros.

Algunas de las personas que estábamos allí montábamos en cólera, no éramos pocas las personas que quedábamos por terminar (más de 20 o 30) y no estábamos dispuestas/os a montarnos en un autobús para llegar así a Almería…

Seguíamos adelante, en principio salimos un pequeño grupo, yo quedé con otros 3 participantes, fuimos dando relevos durante todo el llano de vuelta hacia Almería y era aquí donde vendría mi segunda crisis. Mi poco peso y poca corpulencia me hacía avanzar lentamente con el viento en contra, mis compañeros me veían sufrir de cara al viento e insistían – “ponte detrás, no des relevos”. Pero, el orgullo y la sensación de ver a otras personas partiéndose la cara frente al viento no te deja quedarte quieto… claro está, hasta que te dicen “¡quédate detrás! tenemos que llegar todos, si relevas no llegas”.

¡Ya se veía la meta!. Después de más de 7 horas sobre la bicicleta no se pueden explicar las sensaciones que se tienen al alcanzar un sueño. No quedaba paella (la organización había preparado una paella para los participantes), pero no importaba. En la meta me esperaban algunos familiares y algún amigo y sobre todo la satisfacción de haber cumplido un reto.

No sé como agradecer a aquellos 2 grandes compañeros de carrera el apoyo y la ayuda que me prestaron porque sin ellos jamás hubiese llegado a la meta de Almería, por más que mi dura cabeza insistiera y mi psique esté preparada para hacer frente a esas adversidades mis piernas no podían haber terminado aquellos 40 kilómetros solas. Solo entonces te das cuenta de esa otra parte del ciclismo que nadie comprende, esa parte en la que el compañerismo y el apoyo al compañero es lo más importante, esa parte en que el sacrificio se vuelve colectivo y las metas no son individuales sino grupales. Solo entonces sabes por qué en esos 169 kilómetros no te has bajado de la bici por más que lo hayas pensado más de 2 y 3 veces. Solo entonces comprendes que lo que te han enseñado esos 169 km de esfuerzos, alegrías, dolores y sueños no puede aprenderse en libros, clases ni teorías. Solo entonces aprendes lo importante que es vivir la vida abierto a todo lo que tiene que enseñarte el recorrido.

Junto a dos grandes personas que hicieron que llegara al final

Junto a dos grandes personas que hicieron que llegara al final

¡Feliz cumpleaños David!

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2 respuestas a Un regalo de cumpleaños (el año que cumplí un sueño)

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