¿Probamos a hacer autostop?

13 de Julio: Aquel día nos levantamos temprano, yo sabía que si queríamos pillar un buen sitio teníamos que ponernos a caminar temprano. Aún no sabíamos la caminata que nos quedaba por delante, cogimos el autobús que salía del pueblo pero, a pie de puerto el autobús no sube y, evidentemente yo no me iba a quedar con las ganas de ver esa subida en vivo y en sus últimos kilometros.

Comenzamos nuestra subida disfrutando del paisaje, haciéndonos fotos con algún que otro personaje, unos que subían disfrazados, una foto junto a la torre Eiffel por si no llegábamos a París, un ciclista de pelo llamativo… El camino se hacía más ameno pero los kilómetros no pasaban. Desde pie de puerto, donde nos dejó el bus, hasta la cima teníamos unos 7 kilómetros de alegre caminata.

Queríamos fotografiarnos en la meta, conocer como era el despliegue de una llegada del Tour en los pirineos y sobre todo encontrar el sitio adecuado para poder ver la mayor parte de la subida. Y lo encontramos, nuestro sitio se situaba a unos 2 kilómetros de la meta, justo donde acababa la parte dura de la ascensión al puerto, así que tras ver la meta, disfrutar de “les vaques” pirenáicas y comprobar que los vascos se lo montaban mejor que nosotros entre paellas, tocaba volver atrás y ocupar un buen sitio en la carretera para disfrutar del final de etapa.

La espera fue tensa, de nervios, había varios escapados, entre ellos Iban Mayo. Jumi y yo  preguntábamos a quienes tenían radio como iba la cosa. No os imagináis lo equipada que va la gente a estos eventos, hay quien lleva hasta televisión. No sabíamos practicamente nada, pero la silueta de los ciclistas se vislumbraba en la parte baja de la subida, mientras Jumi seguía pillando toda la comida de propaganda que repartía la caravana publicitaria, gracias a eso desayunamos más de un día entre quesitos de “la vaca que ríe”, sobres de “Nesquick” y otras exquisitéses.

Llegaban los ciclistas y yo como un niño de 10 años no paraba de hacer fotos y disfrutar animando mientras Jumi grababa con la cámara de video, íbamos perfectamente equipados para registrar cada momento de nuestro viaje, después las emociones, los sentimientos y las vivencias me encargaba de ir apuntándolas en aquel cuaderno que servía tanto para ajustar presupuestos como para reflejar nuestro viaje.

Todo pasó muy rápido, casi sin enterarnos habían pasado todos los ciclistas, los últimos el gran pelotón de aquellos que dejaban pasar las etapas de montaña calculando el tiempo para no llegar fuera de control y esperando que llegaran otro tipo de finales. Cerrando toda aquella caravana, el furgón escoba.

Tocaba bajar, todo estaba perfectamente planeado, eso sí, planeado al estilo David, ese estilo que Jumi iba conociendo y que significaba que sabíamos dónde llegar y cuándo teníamos que hacerlo pero no cómo lo íbamos a hacer. Teníamos claro que hasta pie de puerto (esos 7 kilómetros que antes subimos) iríamos andando, una vez en Baqueira cogeríamos el autobús que nos dejó allí para llegar a Vielha y por fin, descansar este largo día. Con lo que no contábamos es con que no hubiese bus…

Situaciones excepcionales requieren medidas excepcionales así que, esta era la situación perfecta para poner en práctica algo que aún en nuestra corta vida de existencia ninguno de estos locos de las bicis había practicado. Tocaba hacer AUTOSTOP. Momento para desprenderse de miedos, prejuicios y construcciones sociales y sacar el dedito al aire libre a probar suerte con  lo que venga.

Nos recogió una pareja de Belgas en su caravana, simpáticos y atentos como pocos, charlamos (bueno íbamos intentandolo, con nuestro medio francés y medio inglés) sobre nuestro viaje, nos comentaron que lo que hacíamos era algo normal entre la juventud en su país y nos contaron que ellos también iban siguiendo el Tour. ¡No éramos unos locos!… bueno ellos llevaban una caravana muy bonita, amplia y equipada…

Una vez en Vielha tocaba dar una vuelta y buscar la posibilidad de encontrarnos con algún equipo ciclista por el pueblo, cosa difícil, pero que haría que nos fuéramos a la cama con una sonrisa de oreja a oreja. No tuvimos que buscar mucho, los autobuses del Bouygues Telecom de Thomas Voeckler (con este no me hice foto yo por capullo, aunque Jumi no lo entendiera jeje) y del CSC de Bjarne Rijs donde corría Carlos Sastre, destacaban en el aparcamiento de uno de los hoteles del pueblo.

Más o menos una hora estuvimos esperando en el hotel de Carlos Sastre a que este saliera, cuando llegamos había bastante gente alrededor de las bicis y del mecánico del equipo del que más tarde sabríamos incluso el nombre, Alejandro Torralbo. El hombre debió pensar después de vernos tres veces en el Tour y una en la Vuelta, que éramos unos cansinos de cojones. Por eso en la vuelta le pedimos hacernos una foto con él, algo con lo que se quedó algo flipado jeje.

Sastre salió y saludo a su familia, nosotros muy correctos no quisimos decir nada, ni tan siquiera acercarnos a pedir una foto. Después de una etapa tan larga y con aquella dureza y desnivel, lo que menos debe apetecerle a ningún deportista es hacerse fotos con cualquier persona. No hizo falta que dijéramos nada, su el hermano de Carlos Sastre fue quien le comentó a este:

“Carlos, creo que esos chicos quieren una foto, llevaban bastante tiempo esperando”

¡Éramos unos putos “groupies”!… y bien orgullosos que estábamos de serlo. Carlos se acercó, nos preguntó e intercambiamos unas palabras sobre el tour, sobre la etapa…. se le veía con ánimos y con ganas, y la carretera diría como iba a acabar aquella carrera. Nos hicimos nuestra foto y ahora sí, podíamos volver a dormir y descansar a nuestra pequeña pensión, era el primer día del Tour y ya habíamos vivido más de lo que podíamos pedir a este loco viaje de aventuras.

Aún quedaba lo mejor, el próximo objetivo era la etapa de Alpe D´huez. Pero antes debíamos pasar por Fos, Toulouse y Lyon, 4 días para completar más de 300 kilómetros, aunque aún no sabíamos como los íbamos a realizar…

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