La base de la preparación: más horas, más días, menos intensidad

La base de la preparación de toda carrera es planificar las fechas y los entrenamientos. En la última entrada del blog, hablaba de la importancia de reflejar esos procesos que poco a poco nos llevan a mejorar nuestro fondo físico, o incluso mental, para enfrentarnos antes o después a alguna carrera cicloturista o algún reto personal que nos hayamos marcado.

A veces, quienes amamos de alguna forma la práctica del deporte, no encontramos el tiempo suficiente para poder desarrollar los planes que nos marcamos en nuestro desarrollo físico. Sin embargo, mi experiencia personal me ha llevado a tener en cuenta todas aquellas circunstancias que también tenemos que atender en nuestras vidas y que de una u otra forma, también ayudan a que nuestra forma física mejore, aunque nunca lleguemos a ser un@s profesionales.

Después de aquella primera salida corta en la que retomaba el contacto con la bici, he tenido la suerte de encontrarme en mi camino con una motivación extra que, sin duda, empuja a recorrer las carreteras sin dudarlo un segundo. Hace unos meses tomé la, para mí, dura decisión de deshacerme de mi vieja bicicleta de carretera. La primera. Aquella que me ha acompañado en más de una aventura, aquella que ha sufrido más de un accidente conmigo. Me deshice de mi querida bicicleta, no sin antes tener pensado que sería sustituda por una nueva.

Así que, el 12 de marzo, tocaba estrenar bicicleta, y que mejor que hacerlo con una salida por el primer recorrido que hice en bici por los parajes de Granada. Tenía 18 años, cuando por primera vez, y gracias a un compañero de clase, descubrí el recorrido que llevaba desde Granada capital, hasta Quentar, un paseo que se ha convertido en un clásico en mis salidas en bici, no solo por el precioso paisaje que me acompaña durante la salida, sino porque tiene todo tipo de terrenos en su recorrido, llano, falso llano, subida, bajada… Además, se trata de una de las carreteras más frecuentadas por ciclistas de la provincia, incluyendo algún que otro equipo profesional que pasa sus entrenamientos de invierno por Granada.

El recorrido hasta el pueblo de Quéntar resulta bastante fácil, desde la salida de Granada hasta el desvío a la carretera de Dúdar y Quéntar son unos 7 o 7.5 kilómetros llanos, pero a partir de este desvío la carretera comienza a alternan falsos llanos y bajadas que nos acercarán poco a poco a los pueblos de Dúdar y Quéntar, que albergan interesantes historias de las que ya hablé en el post que os dejo en este enlace, a partir de Quéntar la carretera comienza a ascender ligeramente, llevándonos hasta el Pantano de Quéntar, del que también hablamos en este otro post.

Base de la preparación

Ruta desde Granada al Pantano de Quéntar

Cómo decía en mi último post, los comienzos nunca son fáciles, y cuando comenzamos el año lo importante no es salir un día a hacer 80 kilómetros y parar toda la semana siguiente, sino todo lo contrario. Si realmente queremos adquirir una buena forma física, lo importante y lo primero que debemos trabajar es nuestro fondo físico, es decir, más horas de ejercicio, más días a la semana, es decir, más volumen, pero a intensidades medias y bajas. Por desgracia los compromisos en que me meto no me dejan cumplir con esta condición básica para mejorar la forma física.

¿Qué quiere decir eso de volumen e intensidades medias y bajas?

Cuando en el mundo del ejercicio físico hablamos de volumen, nos referimos al número de horas por entrenamiento, días de entrenamiento, repeticiones por sesión, etc. la intensidad, por otro lado, hace referencia a la parte cualitativa de ese entrenamiento, y se calcula utilizando como referencia la frecuencia cardíaca, o para quienes son más pro, el potenciometro, en el caso de tenerlo.

Pero, para que nos entendamos bien y no ponerme muy técnico, vamos a dividir nuestra intensidad en 3 colores distintos:

Verde: Durante el ejercicio puedes charlar tranquilamente, compaginando tu respiración y sin sentir ningún tipo de dificultad respiratoria mientras hablas y practicas ejercicio a la vez. Te mantienes entre un 30% y un 60% de intensidad, en relación a tus pulsaciones se sitúan entre las 80 y las 130 por minuto como mucho.

Amarillo: Tu intensidad de ejercicio comienza a aumentar, te situas por encima del 60% de intensidad en e ejercicio. Tus pulsaciones están por encima de las 130 y por debajo de las 145. Entras a niveles superiores de esfuerzo, no te es tan fácil hablar con tus compañer@s de ruta, te falta aliento y puedes conversar, pero sientes que necesitas aires cada dos o tres palabras.

Rojo: La conversación con quienes te acompañan ha quedado atrás. No hay nada que no sea la concentración en el ejercicio que estás desarrollando. Tu intensidad supera el 80% y tus pulsaciones se acercan a la máximo de tu frecuencia cardíaca. Te cuesta respirar y el ejercicio está consumiendo todas tus reservas de energía.

Para calcular nuestra intensidad de ejercicio en función de nuestras sensaciones, también podemos utilizar la escala de percepción del esfuerzo de Borg.

La base d ela preparación

Cuadro orientativo intensidad por colores

Así que estas primeras semanas de entrenamiento, lo que toca es aumentar las horas por sesión, poco a poco y sin reventarnos en los primeros días; aumentar los días en los que hacemos ejercicio, sacar ese tiempo en nuestra vida puede resultar lo más dificil; y disfrutar de nuestras salidas, disfrutando del paisaje, charlando con quienes salimos, si vasmos en grupo.

Queda mucho tiempo para castigar al cuerpo con entrenamientos duros, yo no soy el mejor ejemplo de planificación.

Os dejo los enlaces a Strava de las dos salidas:

https://www.strava.com/activities/897229428

https://www.strava.com/activities/906605515

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Los comienzos nunca son fáciles

“Hay gente que no soporta la soledad y cuando el propio ego desaparece necesita sentir el cariño de los demás para encender el fuego que se ha apagado en su interior. Pero yo no soy así; yo necesito poder alejarme de los abrazos de los demás y únicamente en la soledadpuedo encontrar la serenidad para responder a las preguntas que, ante las personas que quiero, guardo en un cajón para mostrar serenidad y fuerza. Pero todos los cajones, en un momento u otro, tienen que abrirse”.

(La frontera invisible, K. Jornet pág.32)

Por lo general cuando escribimos sobre nuestras experiencias en cualquier ámbito, tambien en el deportivo, solemos reflejar los procesos avanzados, completos o con ciertos objetivos conseguidos. En esos fragmentos de experiencias a veces olvidamos los comienzos, haciendo parecer que el camino hasta llegar a recorrer 120 kilómetros o terminar cualquier tipo de prueba de carretera o de BTT fua poco más que un par de salidas y unas horas sobre la bici.

Me atrevo a decir, por mi experiencia, que eso mismo sucede cuando tratamos de mostrar lo que hacemos en otros campos como la educación o la intervención. Por eso, hoy quería recoger esos comienzos en bici después de un largo parón. Ese principio de proyecto y objetivo. Os traigo los primeros entrenamientos después de un parón que se extiende casi 3 meses, no por gusto, sino por diversas circunstancias. Parones que hacen que volver al trabajo físico cueste el doble de lo que nos costaba antes.

Este año he comenzado bastante tarde la vuelta al entrenamiento, concretamente el 26 de febrero y después de una parada que venía desde el 6 de noviembre, justo cuando participé en la media maratón ciudad de Granada.

La verdad, es que cada año, cuando vuelvo a retomar el placer de subirme a la bicicleta para hacer unos kilómetros, el proceso se repite. Por lo general, llevas mucho tiempo queriendo comenzar a salir pero, entre el trabajo y los compromisos con otras personas, la primera salida se va retardando. Pensarlo mucho quizás es la mejor forma de no comenzar nunca.

Me cuesta tomar la decisión, simplemente por pensarla. Pero, para mí, salir con la bici es una necesidad, una forma de airear la mente, soñar, ver más allá de los problemas que nos ahogan en el día a día. Salir es encontrarme con la naturaleza y con mi soledad, para no perder la oportunidad, una vez que se vuelve, de poder encontrarme con los demás.

Casi todos los años llega un día en que sin saber por qué o al menos sin explicación lógica, te levantas de la cama, miras esa bici y piensas, ¡HOY SALGO!. Ya está, no había ni hay nada más que pensar. Es cuestión de actuar, de no planear el momento idóneo, porque, por supuesto, nunca llegará el momento idóneo. Es solo cuestión de hacer, de coger el culote y el maillot, de llenar el bidón de agua, ponerte el casco y salir pitando.

Para mí, poco importa si la primera salida es de 45 minutos, de 1 hora, de si son 15, 20 o 30 kilómetros. La primera salida solo representa el placer de volver a disfrutar con una actividad que sabes que te encanta, pero que no siempre puedes practicar. A partir de aquí, todo rueda solo… las reacciones físicas de nuestro cuerpo generan los impulsos necesarios para que no olvides ese placer de impulsar los pedales para hacer rodar las ruedas de la bici. Es como esa primera vez que comes una onza de chocolate y ya siempre, buscarás ese pequeño trocito para poder paladear el intenso sabor que te dejó aquella primera vez.

Así que, la primera salida fue un precioso disfrute de los alrededores de Granada. Un poco de barro, siempre ayuda a recordar la parte más divertida de este deporte.

Ruta de Btt por la fuente de la bicha hacia Pinos Genil

En Strava tenéis todo los detalles de la ruta: https://www.strava.com/activities/897222507

A quienes empiezan en esto de la bicicleta, siempre les recomiendo que comiencen por salidas como esta. El recorrido es suave, sin apenas dificultad y completamente llano. Además podemos disfrutar de un paisaje maravilloso junto al río Genil y para terminar atrevernos a probar uno de los famosos arroces del bar “Los cazadores”, en Pino Genil, parada casi obligatoria, ya sea para comer unas tapas y después volver o simplemente para rellenar nuestros botes de agua.

Bueno, comenzamos el año con una entrada corta y sencilla, simplemente para ir desentimeciendo los músculos y preparar el cuerpo para todo lo que está por llegar. Comenzar es hacer, sin pensarlo demasiado, comenzar es, a veces, tirarse al agua sin salvavidas.

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Cumpliendo años, cumpliendo sueños: III Qayart Al Kantar (maratón BTT)

“Lo podrás explicar y la gente podrá ver lo que han visto tus ojos. Podrás hacer fotografías y podrán escuchar cómo silban los pájaros o cómo la nieve mece las ramas de los árboles. Podrás escribirlo y podrán incluso sentir el viento en la cara o el olor a tierra mojada. Pero nunca podrás lograr que sientan la emoción que tú has sentido al estar presente. No podrás conseguir que sus ojos lloren como han hecho los tuyos o que su corazón palpite como ha hecho el tuyo.”

                                                   (Kilian Jornet, Correr o morir)

A punto de cumplir años se me presentaba de nuevo la oportunidad de poder celebrar ese día con un regalo especial. Una vez más tenía en fechas cercanas al 30 de septiembre la oportunidad de regalarme uno de esos retos que tanto me gustan y me motivan.

El 27 de septiembre de 2014 se corría la Qayart Al Kantar una maratón de BTT que lleva realizándose unos años en la provincia de Granada formando parte de las carreras que puntúan para el campeonato de Andalucía de BTT.

Os dejo un pequeño video de la carrera:

Desde que descubrí la carrera tenía claro que mi objetivo era prepararme para correrla y cubrir un reto más. Ya había participado en una carrera de fondo en carretera, así que ahora me tocaba ponerme a prueba en una de BTT.

Pasé los meses anteriores a la carrera recorriendo con mi bicicleta de montaña todos los caminos y senderos que podían acercarme a una forma aceptable para correr la Qayart Al Kantar, intentando cubrir el kilometraje de la prueba y acercándome a los desniveles que se subirían. Lo que peor llevaba de cara a mi participación eran los descensos, algo lógico en alguien que siempre ha practicado el ciclismo de carretera y que no termina de acostumbrarse a las típicas trialeras del BTT, a esas bajadas donde te encuentras raíces que emergen de la tierra, rocas que estrechan el sendero, etc, etc. A pesar de este inconveniente, el reto de enfrentarme a algo nuevo, de hacerlo con otras personas y de poner a prueba mi resistencia y mi propio cuerpo en una carrera como esta superaba cualquier miedo o duda que pudiese asomar por mi cabeza.

Pocas semanas antes de la prueba intentaba reconocer todo el trayecto que me tocaría recorrer el día de la carrera, reconocer el terreno, medir mis fuerzas y conocer algunas de las subidas. Exploraba los alrededores de Quéntar, Aguas Blancas, Fuente Alta, La Argumosa… cualquier ruta la hacía pasar por los alrededores de la prueba para preparar las piernas para lo que se me venía encima. Salía solo, a veces pasando horas conmigo mismo, conociendo caminos nuevos, encontrándome en medio del monte, sin nada ni nadie a mi alrededor que no fuera la naturaleza, mi bicicleta y mis propios pensamientos. ¿Se puede pensar mientras subes una fuerte pendiente y clavas tu mirada en el final del ascenso o en la próxima curva esperando el deseado descanso para tus piernas? Sí, en mis años he descubierto que se puede pensar, pero además te inundan pensamientos mucho más profundos que los que puedes tener sentado en una silla o un sofá. Mis sueños nacen con cada kilometro que recorren mis piernas, mis miedos duermen cada minuto que paso lejos del constante murmullo de la ciudad.

27 de septiembre, 6.30 a.m. Me despierto temprano. Después de tomar un desayuno cargado de hidratos de carbono (unas galletas, cereales y pan), repaso de nuevo la bici, compruebo que todo lo que tengo que llevar está en su lugar. El pulsometro, para controlar los esfuerzos aunque casi ni lo mire una vez montado sobre la bici; un par de barritas energéticas, sin chocolate para no poner perdido el maillot; un sobre de glucosa, esta vez quería tener la reserva por si el esfuerzo acababa con mis fuerzas; los bidones, uno de agua congelada y otro de sales minerales para ir dosificando; chubasquero, el día amanecía nublado y todo hacía prever que tocaría ponerlo; manguitos y perneras, porque parecía que el frío me iba a acompañar en el camino.

Todo estaba listo y a las 7.30 a.m. montaba sobre mi bici para recorrer los aproximadamente 14 Km que me separaban del lugar de salida de la prueba. Mientras me encaminaba hacia Quéntar repasaba cada lugar que conocía de la ruta en la que me iba a embarcar. Las piernas temblaban. Sentía como ese momento en que vas a enfrentarte a algo que no sabes si has preparado lo suficiente, era como un examen, con la particularidad de que era uno de esos exámenes en los que solo tú mismo puedes ponerte la nota, una prueba contigo mismo, algo que iba a disfrutar pero que también me iba a hacer conocer mis propias fuerzas, mis límites y mis posibilidades.

Aún no llovía y yo albergaba la esperanza de que esas nubes que cubrían el cielo nos dieran tregua durante la carrera. Pedaleaba tranquilo, evitando gastar fuerzas que pudiese necesitar durante la carrera. Por fin, después de un buen rato de camino llegaba al pueblo de Quéntar, allí en pleno centro neurálgico del pequeño pueblo todo estaba lleno de ciclistas que recogían los dorsales o esperaban la salida desayunando en los bares de alrededor. La gran mayoría, por no decir todas las personas que se disponían a correr, llegaban en coche o furgoneta. Yo observaba todo a mi alrededor, y después de acercarme para recoger mi dorsal (me tocó el 174) decidí acercarme a un bar y volver a tomar algo (un zumo y media tostada). Es curioso, me encontraba más nervioso que en aquella ocasión en la que me metí 180 Km. en las piernas, no sé si era por el tiempo de espera añadido, por ver la cantidad de personas que se agolpaba en la salida o por pensar en lo duro que era el recorrido (íbamos a subir un desnivel acumulado de 2.234 m, subiendo a una altura máxima de 1.586m).

Durante el desayuno tengo la oportunidad de hablar con una de las participantes en la carrera. Ella ya es la segunda vez que participa y me expresa su inquietud por saber que tipo de “trampas” han preparado esta vez. Me comenta que en la última edición metieron algunas trialeras de miedo. Ni que decir tiene que comparto su inquietud, aunque lo que yo siento es más bien miedo ante lo que me puedo encontrar.

Daban el aviso para diriguirse hacia la salida, yo me iba acercando, quedandome por la parte trasera. Mientras tanto el speaker comenzaba a nombrar a ciclistas profesionales que estaban en la carrera, algunas/os para preparar los campeonatos de España, otras/os retirados del ciclismo de carretera y que ahora corrían estos campeonatos de Andalucía. Más de 240 corredoras y corredores dispuestos a ponerse a prueba. Os podéis imaginar que más que relajarme los nervios seguían en aumento.

¡Se lanza la salida! (Aquí, como en todas las carreras de BTT, al contrario que en las cicloturistas de carretera no hay tramos neutralizado… ¡a tope desde la salida!). Llevo un desarrollo alto, sabiendo que lo primero que nos espera ya comienza a ser duro. Tras un pequeño repecho por carretera para salir del pueblo nos enfentamos a una bajada, también asfaltada, que nos dejará al comienzo de la primera subida. A penas ha transcurrido 1 Km 800 metros y ya estamos subiendo.

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Comienzan a adalenatarme corredores, yo me relajo, voy tranquilo e intento controlar el paso por el primer punto de control, que está situado al final de la subida y al que tengo que llegar antes de que lo cierren. Me encuentro bien en un principio pero, a mitad de subida comienzo a notar que me estoy quedando con las piernas bloqueadas, ¿¡qué mierda me pasa!?. Sigo adelante, sabiendo que el último tramo de subida tiene la pendiente más dura de toda la carrera (21,8 %). Miro el pulsómetro, estoy en el límite de tiempo, aprieto y empujo hacia arriba todo lo que puedo. Al fondo veo a la persona que va controlando el paso, comienzo a pensar que parece mentira, solo 5 Km de carrera y voy a llegar fuera de tiempo al primer paso de control. Paso, justo en el tiempo límite (en cualquier caso no creo que me pararan si me hubiese pasado del tiempo), y aún así pienso que por detrás mia aún debe venir alguien (o intentaba consolarme con eso jejeje). A partir de aquí, bajada hacia el pantano de Quentar, primer avituallamiento y camino a encontrarme con la siguiente subida.

Aún en todo el camino no me había cruzado con nadie desde la primera subida. Estaba a punto de entrar en la segunda subida, camino de Aguas Blancas, hacia el Barranco de la Zarzadilla. Apenas 14 Km y 600 metros de carrera y comenzaba una nueva subida que coronaríamos en el kilómetro 22, el alto de la Fuente de la Torre. Al fondo, no muy lejos de mí, veía a dos ciclistas. Conocía perfectamente la subida de pasar por ella en casi todos mis entrenamientos, así que comencé regulando bien y sabiendo que era una subida que no se hacía muy dura a pasar de que el barro agarrara aún más las ruedas. Justo a mitad de subida alcancé a los dos ciclistas que iban por delante, se trataba de dos chavales, muy jóvenes. Les animé y ellos a mí. Me causó una gran admiración ver a dos chicos tan jóvenes enfrentándose a una carrera tan dura y tan larga para la BTT.

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La carrera continuaba, nuevo paso de control y avituallamiento en el alto de montaña. Seguimos camino de La Peza (Km 36,686) pasando por el puerto de Fuente Alta. Justo antes de llegar a La Peza me enfrento a un primer descenso rápido, pero peligroso, en este mismo descenso me cruzo con otro compañero de fatigas. Ha pinchado. Paro a ofrecerle ayuda, pero me dice que continúe, que todo está controlado. Por fin, La Peza. Avituallamiento, lleno los bidones que están practicamente vacíos; me como un poco de plátano y guardo otros 2 trozos; aún tengo el gel de glucosa en el maillot. Qué sería de quienes participamos en estas carreras sin el apoyo de estas personas que en determinados puntos nos animan a comer y rellenar agua. En esta ocasión los puntos de avituallamiento los habían montado la gente de Balakook, a los que conocía por ser mi tienda de referencia a la hora de arreglar cualquier problema de mis bicicletas, ¡qué enorme trabajo!. El siguiente tramo es largo y duro hasta el próximo avituallamiento. Afortunadamente esas fuerzas que me faltaron en los primeros kilómetros de la carrera han ido volviendo poco a poco a mis piernas. Me siento bien, con ganas de enfrentarme a los tramos finales, ansioso por descubrir la próxima subida, una de las pocas que no conozco y que me puede dar más de una sorpresa. A través de la pista por la que transcurre la Transnevada nos vamos a enfrentar a la subida al mirador de la Bermeja, 7 kilómetros de subida con pendiente irregular y constante.

Volvía a adelantarme aquel compañero que había pinchado en la bajada hacia La Peza, intento pegarme a él para continuar la subida pero, su ritmo es demasiado alto para mí, así que decido continuar con el ritmo que había puesto al principio. La subida se hace larga y justo a mitad de puerto la lluvia comienza a apretar. Decido parar y colocarme el chubasquero. Llueve con fuerza. Las gotas de agua van cayendo desde el casco por mi cara, la pista comienza a embarrarse, agacho la cabeza, solo pienso en llegar arriba y lanzarme hacia abajo. Lo de lanzarme es un decir, porque las precauciones son mayores con lluvia, al menos para alguien que como yo solo se juega la enorme satisfacción de la superación personal en esta carrera.

Volvemos a tomar la pista del Área recreativa de Aguas Blancas, en esta ocasión para dirigirnos al Barranco del Polvorista. Nueva subida, 4 Km cortos, pero duros que me van a llevar a los últimos 20 km de carrera. El cuerpo empieza a notar el cansancio, que sumado a la lluvia y el barro, siembran el deseo de llegar cuanto antes al final de esta aventura. En mi cabeza solo hay sitio para un pensamiento, la meta. Cruzar, dejarme caer sobre el manillar de mi bici, disfrutar de una nueva aventura, pero esta vez con la mente, centrada en el recuerdo de cada metro recorrido, cada paisaje disfrutado, cada momento de sufrimiento para las piernas y de sueños para la mente. Decido tomar el gel de glucosa que aún conservaba en el maillot, pienso que es el momento oportuno para hacer que un nuevo chute de hidratos me ayude a terminar los últimos kilómetros, esos momentos en los que solo sobre la bici, subiendo por estas sendas me llego a preguntar por qué termino metiéndome en estas locuras. Sé la respuesta y sé que nada me hará dejar de plantaarle retos físicos a mi cuerpo y a mi mente.

¡Ya está! A penas quedan 6 kilómetros y lo que queda es bajada. Todo está superado, me queda disfrutar, la última subida a los Tajos del Agarradero me ha hecho sufrir, pensar que no llegaba, sentir que la subida se eternizaba sobre el sillín de mi bici, buscar constantemente la referencia que me marcara el final de la pendiente ascendente y el principio del fin, el principio de la placentera bajada hacia la meta en Quéntar. Un momento, ¡¿Qué es esto?!. Mi gozo en un pozo, toda la adrenalina soltada al llegar al alto, toda la relajación para la que mi cuerpo se estaba preparando, aquella sensación de placer al pensar que solo me quedaba disfrutar de 6 kilómetros de bajada hacia Quéntar desaparecen para dejar paso a la concentración, ¡aquí está la sorpresa!. Esto no es una trialera ¡es un crimen!. Comienzo subido en la bici, bajando con los frenos bien tensados entre piedras que sobresalen hasta dar en los pedales o en los talones de mis zapatillas. Saco una pierna del pedal y apoyo, apenas son 300 metros de bajada pero, ¡parecen kiómetros!. Decido poner pie a tierra y hacer los últimos metros a pie, con extremo cuidado de mirar donde piso. Ahora sí, salgo al cruce con la carretera entre Quéntar y el Pantano de Quéntar, la guardia civil me indica la entrada hacia el pueblo, una última bajada, un pequeño recorrido por alguna de las calles del pueblo, un repecho más. Escucho el jaleo de la gente, el speaker continúa hablando, siguen llegando corredores a la meta, estoy a punto de girar la última curva. Ahí está, todo ha acabado, o mejor dicho, todo comienza de nuevo, porque en mi cabeza ya comienza a resonar la idea de un nuevo reto. Pero, ahora no. Ahora solo hay tiempo para comer y beber, darle un abrazo a Eli que ha esperado paciente a que llegara, imagino que con la incertudumbre de si finalmente lo conseguiría. Soy el último de mi categoría y apenas he llegado por delante de 3 o 4 corredoras/es. Otras/os abandonaron por el camino o no superaron los tiempos. Nada de eso importa, solo importa haberme superado una vez más, haber cumplido un nuevo sueño, un nuevo reto.

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En realidad, por más que a través de estas extensas entradas en mi blog trate de explicar las sensaciones o vivencias de estas carreras, no creo que nada pueda hacer llegar a quien se atreve a leerlas la placentera sensación de alcanzar la meta después de tanta preparación, de tanto soñar con conseguirlo y de tanto sufrir por seguir adelante.

Os dejo un enlace a la ruta en Strava y wikiloc, y las clasificaciones finales completas.

En STRAVA: https://www.strava.com/activities/200144997

En WIKILOC: http://www.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=10361620

Clasificaciones: http://www.zonarfec.com/documentos/carreras/5/doc_542a611c2d9b21.17039022_clasificaciones.pdf

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Los alpes nos esperan

Esta entrada es la continuación y recuperación de las experiencias de Un viaje de locos y un viaje de locos II y ¿Probamos a hacer autostop?

14 de Julio. La mañana había amanecido con algo de niebla, algo típico en un paisaje de alta montaña, pero aún así lucia el sol. Nos disponíamos a dejar Vielha camino de la frontera con Francia y rumbo a nuestro próximo objetivo, las etapas de los Alpes y concretamente la que terminaba en Alpe D´huez. Más de 300 km en línea recta que se convertían en unos 600 o 700 km de recorrido. Todo esto guiados por nuestro precioso mapa de carreteras de Francia y siempre calculado a ojo.

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Mientras esperábamos en la parada del bus que nos llevaría hasta la frontera con Francia, concretamente hasta Fos, llenábamos un poco nuestros estómagos improvisando un desayuno aprovechando los recogido de la caravana publicitaria del Tour de Francia. Fos es un pequeño pueblo del departamento francés del Haute-Garonne. Allí, en Fos, debíamos coger otro autobús que nos llevara hasta St. Gaudens o Toulouse, dos de las ciudades más grandes de este departamento y en las que presumíamos que podríamos encontrar algún transporte hacia Grenoble, nuestro objetivo de viaje.

Pero, las cosas no siempre resultan tan sencillas como se planean. Llevábamos más de hora y media esperando un bus en Vielha y no pasaba ninguno. El tiempo se nos echaba encima y no podíamos seguir esperando, así que tomamos una nueva decisión, llegar andando hasta Fos. Aproximadamente 28 Km de recorrido cargados con dos mochilas cada uno y sin tener la certeza de llegar a una hora que nos permitiera poder coger algún autobús hasta el próximo destino. En cualquier caso, guardábamos una bala en la recámara. Una vez probada la experiencia de hacer autostop no dudábamos en volver a utilizarla en cualquier momento.

Caminábamos con paso tranquilo, extendiendo nuestra mano y sacando el dedo al paso de cada vehículo que oíamos, hasta que en un momento del camino un coche para. Nos acercamos, nos invita a subir, es francés y el coche pequeño así que ya que yo sí que chapurreo un poco el idioma a Jumi le toca ir atrás casi en el maletero. Le pedimos ir hasta St. Gaudens, pero el no llega hasta allí, así que le pedimos que nos deje en Fos.

Acabamos de recorrer 28 de los 600 Km que nos quedan por delante y ahora solo nos queda esperar un bus que nos lleve hasta Toulouse. Este es el momento en que descubrimos lo importante que es conocer las costumbres, la historia y sobre todo las fiestas del lugar que estamos visitando.

¿Recordáis que día estábamos comenzando nuestro camino hacia los Alpes? Efectivamente, es 14 Julio. Para que no lo sepa el 14 de Julio en Francia se celebra la fiesta de la Federación en conmemoración de la toma de la Bastilla que tuvo lugar el 14 de Julio de 1789. Es la gran fiesta francesa y… en estos pueblos no hay transporte público.

Toca decidir de nuevo que hacer. Hasta Toulouse nos separan unos 150 Km, así que la decisión está clara. Volvemos a caminar y sacar el dedo. Esta vez no caminamos mucho, apenas unos 3 o 4 kilómetros después de comenzar un coche para 100 metros delante de nosotros. No nos lo podíamos creer, Jumi estaba haciéndome una foto en el momento exacto de la parada y la reacción fue inmediata:

– ¡Acho ha parado! ¡Corre, ha parado!

Llegamos corriendo donde estaba el coche, una señora se baja y nos pregunta hacia donde vamos. En francés le contesto nuestro destino y ella al escucharme hablar pregunta

– ¿Españoles?

– ¡Sí! – contesto alegrándome de poder expresarnos ampliamente con ella.

Montamos en el coche, donde además viajaba su madre, una señora mayor muy agradable y que nos contó muchas historias de su país y de la costumbre de parar siempre a recoger a quien iba caminando. No lo he dicho, pero eran de Costa Rica.

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Al fondo nos esperaba el coche…

Durante el camino hacia Toulouse pudimos conversar de muchas cosas y vivir algún momento de risas, como cuando el hijo de la señora que nos recogió la llamó por teléfono y escuchó voces (él le tenía advertido que no recogiera a nadie en la carretera, que Francia no era Costa Rica y que podía pasarle algo), ella le decía que era la radio y nos mandaba callar. A veces no nos damos cuenta de como hemos ido construyendo la desconfianza entre nosotros, es lógico que pasen cosas desagradables a veces, pero la masificación de los sucesos negativos por parte de los medios de comunicación nos ha hecho concebir el mundo que nos rodea y más aún a quienes nos rodean como seres extraños y peligrosos de quienes conviene alejarse.

Llegamos a Toulouse, nos dejan en la misma estación de tren de Toulouse. ¡Objetivo cumplido! 150 kilómetros menos hacia los Alpes y aún nos quedan 2 días para alcanzarlos.

El tren hacia Grenoble no salía hasta las 00:13 horas, así que pudimos aprovechar para hacer un poco de turismo por Toulouse y conocer esta bella ciudad francesa.

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15 de Julio, 8:41 horas de la mañana. Llegamos a Grenoble, capital de los Alpes franceses. ¡Estamos en los Alpes!

 

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BIKES VS CARS ¿CUÁNDO ACABARÁ LA GUERRA?

Acabo de ver el último documental de Fredrik Gertten “Bikes vs Cars” (podéis verlo en filman por 2 euros). La verdad es que el documental en sí no tiene nada nuevo que no sepamos quienes de una u otra forma nos movemos por nuestras ciudades en bici. Es decir, el documental merece la pena, por supuesto pero, no resulta indispensable para comprender la deriva que están tomando nuestras ciudades, desde las más pequeñas a las grandes aglomeraciones como Madrid o Barcelona.

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Sin duda mi frase favorita del documental es aquella que suelta un taxista de Copenhage, ciudad más que conocida por el volumen de ciclistas que diariamente circulan por sus calles:

“No es que odie a los ciclistas, tengo amigos ciclistas y son hasta majos”

¿No os recuerda a alguna otra frase parecida pero con distinto sujeto?

Los ciclistas somos un estorbo. Evidentemente no somos un estorbo para todo el mundo, pero estorbamos. En la carretera, en las calles, por las avenidas, en los carriles o (quienes lo hacen) por las aceras. Quien aún piense que no es así también puede deleitarse con el documental Guerra en las carreteras británicas y del que hablaremos en otra ocasión.

Habrá quien quizás vea los problemas que se retratan en el documental de Gertten como algo lejano o para nada parecido a lo que se vive en las ciudades españolas y por supuesto totalmente contrario a lo que acontece en Granada. Pero quizás y solo quizás tendríamos que preguntarnos por las constantes colas de coches en hora punta que se viven en diversos puntos de la ciudad o por las soluciones para hacer una ciudad habitable en movilidad para todas y todos.

La última gran muestra de estas soluciones ha sido el criticado carril bici de Camino de Ronda. ¿Por qué resulta tan difícil aprovechar las obras que ya estaban en marcha para adaptar la amplitud de los carriles a la circulación y la convivencia de todas/os?. En el caso de Granada la gente de Biciescuela Granada y de la Oficina de la bicicleta de Granada están haciendo un gran trabajo de información, reivindicación y propuestas de cambio. La pregunta obligada es ¿hasta que punto el lobby del coche deja que las correspondientes instituciones pongan en marcha soluciones que van contra sus intereses?

Esta última pregunta es abordada con bastante amplitud en el documental de Gertten, sin duda arrogando preocupantes respuestas. Por otro lado cabe preguntarse si es el carril bici la solución a estos problemas, mi posición es contraria, por supuesto a los carriles bicis que hoy en día se están construyendo en nuestras ciudades pero en general a toda solución que no pase por un cambio en el paradigma de crecimiento de nuestras ciudades. Si queréis más información sobre esto último quizás os merezca la pena visitar la página enbicialtrabajo.wordpress.com y echar un vistazo a sus manuales y cursos.

Que en mi opinión el documental no descubra nada nuevo para montamos en bici no quiere decir que no sea 100% recomendable su visitando para quienes están preocupadas/os por el futuro de nuestras ciudades, la movilidad dentro de ellas y en la periferia de las mismas o para quienes están comenzando a adentrarse en el mundo de la bici, que afortunadamente cada día son más.

Gertten se adentra en distintas ciudades del mundo para presentarnos toda la problemática relacionada con la movilidad en nuestras ciudades y con las luchas y soluciones construidas y propuestas por distintos colectivos ciclistas, desde Sao Pulo a Los Ángeles, pasando por Copenhage o  Toronto, donde cada 6 horas muere atropellado un ciclista y cada 3 un peatón y que en la actualidad cuenta con un alcalde dispuesto a resolver los problemas del tráfico en su ciudad, eso sí, a su manera…

“Los ciclistas son un coñazo para los conductores” 

“badenes no estandarizados, señales de stop… todo aquello que sirva de obstáculo para los coches, está ahí.”

“no soporto los carriles bici”

(Rob Ford, alcalde de Toronto)

Para este señor las soluciones a los problemas con el tráfico son la reducción del transporte publico, construir más aparcamientos a costa de carriles bici… No creo que haga falta comentar más.

Sin duda si hay algo que destacar del documental es como Germen logra enmarcar la lucha por los espacios en la ciudad dentro de lo que en realidad es, una lucha mucho más amplia por otra forma de convivencia, encuentro y respeto entre personas dentro los lugares que habitamos.

¿Podremos finalmente vencer a los lobbies y multinacionales del petróleo y el automóvil para garantizar unas ciudades más acogedoras con las personas y el medio ambiente?

Pincha aquí para ver el trailer del documental.

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Un regalo de cumpleaños (el año que cumplí un sueño)

Desde hace bastantes años tengo por costumbre hacerme mi propio regalo de cumpleaños, una forma de animarme a mí mismo a seguir adelante, cuando no de poner al límite mis capacidades físicas y mentales.

Desde que tengo uso de razón he practicado algún deporte. Comencé jugando al fútbol en distintos equipos, el fútbol fue y es mi pasión pero, practicarlo, jamás fui un amante de sentarme a ver ningún partido y hoy soy ante todo y sobre todo muy crítico con aquello que quieren llamar fútbol y yo llamo “negocio”. Practiqué atletismo un tiempo, corriendo también algunas carreras, pero mi verdadera pasión llegó con el ciclismo, un deporte que me contagió mi padre y con el que comencé a disfrutar del placer de sentirme libre conociendo nuevos lugares y sintiendo la felicidad de superarme a mí mismo cada día.

Del diario:

– 30 de Septiembre de 2007.

“El camino hasta aquí ha sido bastante duro. En realidad nunca pensé que podría llegar a estar en forma para hacer una locura como esta, aún hoy no sé si esto es buena idea, ni siquiera si podré llegar a completar el recorrido”

…-

Perfil del recorrido completo de la marcha

Perfil del recorrido completo de la marcha

Todo comenzaba unos 3 meses antes, cuando buscando algún nuevo reto por realizar me topaba con la IV Marcha cicloturista Juan Martínez Oliver, Miré el recorrido y me enamoré del perfil, aquello parecía la etapa de cualquier Tour de Francia o Vuelta a España, de hecho fue parte de las etapas de la vuelta en 2004 y 2006 y posteriormente en 2009.

Estaba decidido, tenía que comenzar a prepararme para poder participar en aquella carrera cicloturista. Había algo más, tenía el firme propósito de demostrar que un mindundi como yo, que solo comía espaguettis y llevaba una fruta o galletas para sus salidas en bici también podía correr una cicloturista de estas, ya sabéis…

Comencé a plantearme un entrenamiento más o menos a medida, subiendo poco a poco los kilómetros que hacía y mejorando las prestaciones en subida por los alrededores de Granada. La fecha se acercaba y no veía nada claro, aún en Agosto no me había apuntado a la carrera.

Ese mismo mes de Agosto tuve la suerte, junto a Jumi y Lydia, de ir de vacaciones a Benasque. Las vacaciones son para disfrutarlas y yo lo hice, pero además de disfrutar de la compañía, el paisaje y los buenos ratos me propuse disfrutar de la bici por aquellas montañas de los Pirineos. Resultó difícil meter la bici en un Nissan Micra donde además tenían que viajar nuestros equipajes y nuestros cuerpos. Dificultad que creció por la oposición (Lógica, por otra parte) de mis compis de viaje a mi propuesta. Después de propuestas y debates finalmente puede meter mi querida orbea en el maletero del Micra mientras yo viajaba con todo el equipaje encima en el asiento de atrás. Sacrificios que uno está dispuesto a hacer por, por… por cabezonería, mejor no buscar justificaciones.

Estaba en los Pirineos, en Benasque y mi prueba de fuego sería hacer una ruta por aquellos parajes con la subida final a Ampriu- Cerler. Mis sensaciones y mis fuerzas tras aquella ruta marcarían mi decisión definitiva sobre la posibilidad de inscribirme en el la Marcha cicloturista Martínez Oliver.

Perfil de la subida a Ampríu Cerler. (imagen extraída de http://www.adrianlorente.com/puertos/datos/HU/cerler-ampriu.html)

Perfil de la subida a Ampríu Cerler. (imagen extraída de http://www.adrianlorente.com/puertos/datos/HU/cerler-ampriu.html)

Después de aquel día no había nada más que decidir, cogí el ordenador (sí también  me había encargado de echarlo al equipaje) busqué junto a Jumi un punto wifi en el pueblo de Benasque (sorprendentemente sí que había) y me inscribí en la IV Marcha cicloturista Martínez Oliver. No había vuelta atrás y lo único que me quedaba era seguir entrenando y preparándome, para ello contaba con todo el mes de septiembre en el que tendría que buscar la forma de combinar mi trabajo y horario como camarero con las intensas horas de preparación sobre la bici.

———

Y todo para que llegara este preciado día. Hay quien constantemente me ha preguntado – ¿para qué? ¿qué necesidad tienes de hacer eso? ¿qué ganas tú haciendo una burrada así? ¿acaso te pagan?-

Queréis que os diga cual es la respuesta a todas esas preguntas: “Libertad”. Nunca he logrado sentirme más libre que cuando montado en mi bicicleta recorro carreteras y senderos, a veces conocidos otras veces por descubrir, no hay nada que pueda pagar la sensación que produce llegar a lo más alto de una subida y disfrutar mientras desciendes de los recuerdos del camino recorrido. Son sensaciones, sentimientos y lógicas que escapan a la progresiva mercantilización de la vida en la que nos adentramos como sociedad día a día. Es una forma de escapar de todo durante unos instantes, unas horas. Una forma de saberte capaz de todo lo que nunca pudiste creer alcanzar.

Llegué a Almería un día antes de la marcha cicloturista, en tren, con el suficiente tiempo de viaje para plantearme todo lo que me quedaba por delante al día siguiente. Había cogido una habitación en un hotel de la ciudad y un gran amigo, Enrique (o el “bisbi” como lo llamamos algunos amigos y compañeros de carrera) me enseñó esa misma noche parte de la ciudad. Más tarde llegaría mi padre junto con su mujer y mi hermana. Habían decidido ir para acompañarme y llevarme de vuelta a Granada después de la marcha.

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En el hotel la noche antes preparando las cosas para la marcha

del diario:

– 29 de septiembre de 2007.

“No sé por qué pero estoy nervioso. Mañana es mi cumpleaños y se me ha ocurrido regalarme 165 kilómetros sobre la bici. Tengo dudas de que vaya a terminar y mi mayor miedo es enfrentarme a la dificultad de rodar en gran grupo, no saber moverme bien entre tanta bicicleta, caerme o lo que sería peor, provocar la caída de alguien…”

La noche anterior a la marcha no conseguía coger el sueño y peor que eso, saber lo importante que era dormir bien el día antes me causaba un mayor estrés que generaba una mayor incapacidad de dormir.

30 de septiembre por la mañana.

Todo estaba listo. Después de un copioso desayuno de hidratos de carbono me disponía a montarme sobre la bici para una hora después salir rumbo a alcanzar mi preciado regalo de cumpleaños. Como compañeros de viaje llevaba mi bici, los nervios hicieron que se me olvidara en Granada el pluviómetro y el cuentakilómetros de la bici, pero poco importaba aquello, para mí lo realmente importante era disfrutar aquellas horas y terminar aquel reto.

Para alimentarme (al margen de lo que la organización nos diera en los puntos de avituallamiento) llevaba un plátano, varias galletas (son compañía indispensable en mis salidas) y dos barritas de cereales de esas de supermercado. en los bidones uno de lleno de agua y otro de Aquarius. Sí, yo no conocía ni había probado los geles, ni la glucosa o barras proteicas…

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Lo primero que sorprende en una marcha de estas es la inmensa cantidad de participantes que te encuentras, mujeres, hombres, más jóvenes, mayores, más profesionales, menos…

Salida en la ciudad de Almería

Salida en la ciudad de Almería

Situarme en la línea de salida ya fue toda una odisea, y cuando por fin se da la salida por megafonía notas como el corazón te va a mil por hora, casi como si estuviese subiendo un puerto con rampas del 12 o 13 por ciento de desnivel. La sensación de sentirte perdido mientras ves como te adelantan por un lado y por otro y de buenas a primeras te descubres en cola del pelotón como si una marabunta de bicicletas te hubiese engullido poco a poco mientras tú estabas absorto observando todo lo que sucedía a tu alrededor. Es entonces cuando entiendes todo aquello que sabes en teoría, pero que tan difícil resulta llevar a la práctica, todas esas dinámicas que se dan en el pelotón: por donde subir, como buscar el hueco, mantener el ritmo, y todo en un pelotón que ¡iba neutralizado hasta llegar a la primera subida del día!.

En el kilómetro 51 comenzaba la primera subida del día, el ascenso al alto del Velefique, justo antes del comienzo del puerto se realizaba el primer avituallamiento, momento para coger algo de fruta, más líquido y aprovechar para parar y vaciar los líquidos injeridos en el desayuno y acumulados en la vejiga (este es un aspecto poco conocido, pero con estos kilometrajes quienes van en bici también tienen necesidades fisiológicas aunque no salgan en la tele ni se comenten, no son extraterrestres…)

Perfil y altimetría del alto del Velefique

Perfil y altimetría del alto del Velefique

Se daba la salida lanzada, tramo libre y comenzaba la subida a este coloso del sur. Sobre el papel, para mí esta primera subida era la más dura (claro que sin conocer ninguna de las dos), no tenía ningún descanso y varias rampas subían en porcentaje del 14%, tenía claro que los primeros kilómetros de subida tenía que frenarme mucho (como si yo fuese a correr demasiado…). En cuanto dejan libertad de movimientos asombra ver las aceleraciones de la gente. Comienzan a pasarte bicis por todas partes, ves como te van dejando atrás y de vez en cuando, para consolarte o simplemente para comprobar que no vas el último miras hacia atrás y suspiras “uf aún hay quien va peor”.

Durante la subida al Velefique

Durante la subida al Velefique

Fue en los primeros kilómetros donde comencé a hacer amigos, primero con otro chico que cogí al principio de subida, ambos llevábamos más o menos un ritmo parecido y participábamos por primera vez en una marcha cicloturista. Es agradable la forma en que se comparten experiencias de este tipo sin preparación ni intención previa de hacerlo. Poco a poco íbamos alcanzando gente, en algunos momentos nos decíamos nos empujábamos a subir el ritmo o a calmar nuestra marcha:

– ¿Cómo vas?

– Bien.

– ¿Tiramos por aquellos? ¿un poco más de ritmo?

– ¡Vamos!

Pasaba un fotógrafo de la organización, alcanzábamos a algunos más. La adrenalina que inundaba mi cuerpo crecía por momentos al ver que pasaban los kilómetros y mis piernas respondían a la subida de una forma impresionante, ningún atisbo de dolor, de cansancio o de fatiga. Casi no pensaba en que después de llegar a la cima aún me quedarían 100 Km para terminar la marcha, nada me hacía pensar en lo que estaba por llegar…

MBG_0251 Recorte

El descenso fue otra experiencia inolvidable, sobre todo porque ahora veía como me adelantaban todas aquellas personas que en la subida había pasado, es decir, como bajador a pesar de no tocar mucho el freno se veía que no tenía experiencia alguna. Quizás tampoco jugaba muy a mi favor los 63 Kg. con los que me había plantado en la salida, un delgaducho con pocas piernas para rodar, algo que sufriría más adelante.

Nuevo avituallamiento en Bacares Km 76. Oportunidad para llenar los bolsillos con toda la fruta y comida posible, en mi caso sobre todo plátanos y alguna barritas, mucha líquido y… de nuevo a la carga.

Otra vez la carretera se ponía cuesta arriba, pero algo había cambiado en mi cuerpo. Apenas llevaba dos kilómetros de subida, íbamos juntos un grupo de unos 5 o 6 participantes, haciendo grupeta y poniendo un ritmo en el que todos fuésemos cómodos. Pero yo no iba para nada cómodo, no era cansancio ni fatiga, mi respiración fluía perfectamente pero, mi rodilla izquierda no me dejaba caminar. El dolor era cada vez más agudo, subí marchas para mantener un pedaleo lo más ligero posible pero me era imposible transmitir fuerza a los pedales, mi ritmo era paulatinamente más lento. Me quedaba del grupo. Aquel compañero con el que había realizado la anterior subida completa, con el que tan buena amistad había hecho se puso a mi lado para preguntarme y seguir conmigo. Pero yo no sabía si podría terminar y sabía que no podía hacer que otra persona se quedara conmigo sin saber si yo podría terminar todo el recorrido. Le dije que siguiera, que no se preocupara que vería si podía terminar y si no me bajaba. Mentira. En mi cabeza no se encontraba la posibilidad de bajarme de la bici, mi deseo de terminar era demasiado grande como para dejar a medias aquel loco regalo de cumpleaños.

Bajé el ritmo, en cada pedalada el dolor de mi pierna se agudizaba. En cualquier otro momento, en cualquier salida por los alrededores de Granada me habría bajado de la bici… Mentira. Habría bajado el ritmo como bici aquel día, habría tardado 3 horas más en terminar mi recorrido, pero algo muy grave debe pasar para bajarme de la bici.

Iban pasando los kilómetros y ahora sí que iba solo. A mitad de puerto, poco antes del pequeño descansillo empezaba a encontrarme mejor de la pierna, el dolor no dejaba de estar ahí, pero no era tan agudo, pasé a otro participante y me acercaba a la cima poco a poco pero a ritmo constante. El descanso supuso un soplo de aire fresco para mi rodilla y solo me quedaban los 4 últimos kilómetros de subida y la dura rampa del 14% que se encontraba a unos 2 kilómetros de la cima.

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Ya veía el paso por la cima, la medición de tiempos… ¿¡¿¡Qué!?!? ¿qué habían quitado ya la medición de tiempos?. Nada importaba, tan solo la satisfacción de haber superado los problemas de la subida y encontrarme en la cima del Calar Alto era suficiente para hacerme sonreir. Nadie que no haya subido un puerto en cualquiera de las formas posibles puede comprender la sensación que recorre el cuerpo después del esfuerzo realizado. Cerrarse el maillot, bajar las marchas y meter el plato grande para enfrentarte al viento mientras desciendes acoplándote lo más posible a la bicicleta, negociar las curvas, calcular el momento de frenado, lanzar la bici en cada recta…

Las Alcubillas Km 126. Justo al final de la bajada terminaba el tramo libre, la carrera volvía a estar neutralizada y justo antes de esa neutralización había un nuevo avituallamiento.

Era aquí, en este avituallamiento en Las Alcubillas donde la organización nos comunicaba que estábamos fuera e tiempo, que teníamos que subir al autobús y terminar los 43 kilómetros que restaban de marcha en bus o por el contrario no se responsabilizaban de nosotros.

Algunas de las personas que estábamos allí montábamos en cólera, no éramos pocas las personas que quedábamos por terminar (más de 20 o 30) y no estábamos dispuestas/os a montarnos en un autobús para llegar así a Almería…

Seguíamos adelante, en principio salimos un pequeño grupo, yo quedé con otros 3 participantes, fuimos dando relevos durante todo el llano de vuelta hacia Almería y era aquí donde vendría mi segunda crisis. Mi poco peso y poca corpulencia me hacía avanzar lentamente con el viento en contra, mis compañeros me veían sufrir de cara al viento e insistían – “ponte detrás, no des relevos”. Pero, el orgullo y la sensación de ver a otras personas partiéndose la cara frente al viento no te deja quedarte quieto… claro está, hasta que te dicen “¡quédate detrás! tenemos que llegar todos, si relevas no llegas”.

¡Ya se veía la meta!. Después de más de 7 horas sobre la bicicleta no se pueden explicar las sensaciones que se tienen al alcanzar un sueño. No quedaba paella (la organización había preparado una paella para los participantes), pero no importaba. En la meta me esperaban algunos familiares y algún amigo y sobre todo la satisfacción de haber cumplido un reto.

No sé como agradecer a aquellos 2 grandes compañeros de carrera el apoyo y la ayuda que me prestaron porque sin ellos jamás hubiese llegado a la meta de Almería, por más que mi dura cabeza insistiera y mi psique esté preparada para hacer frente a esas adversidades mis piernas no podían haber terminado aquellos 40 kilómetros solas. Solo entonces te das cuenta de esa otra parte del ciclismo que nadie comprende, esa parte en la que el compañerismo y el apoyo al compañero es lo más importante, esa parte en que el sacrificio se vuelve colectivo y las metas no son individuales sino grupales. Solo entonces sabes por qué en esos 169 kilómetros no te has bajado de la bici por más que lo hayas pensado más de 2 y 3 veces. Solo entonces comprendes que lo que te han enseñado esos 169 km de esfuerzos, alegrías, dolores y sueños no puede aprenderse en libros, clases ni teorías. Solo entonces aprendes lo importante que es vivir la vida abierto a todo lo que tiene que enseñarte el recorrido.

Junto a dos grandes personas que hicieron que llegara al final

Junto a dos grandes personas que hicieron que llegara al final

¡Feliz cumpleaños David!

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¿Castigando el cuerpo o disfrutando de sus posibilidades? (Preparando la III Qaryat Al Kantar)

Aquí estoy de nuevo metido en una de esas idas de olla que me vienen de vez en cuando. Desde hace un tiempo suelo regalarme algo por mi cumpleaños, siempre buscando alguna cosilla que me haga disfrutar de ese día o en días ligeramente anteriores o posteriores a la fecha. Una forma de darle una alegría al cuerpo y a mí mismo.

Este año, cuando parecía que todo iba encaminado a viajar a Ponferrada para disfrutar de los campeonatos del mundo de ciclismo en carretera, me topé hace unos días casi por casualidad, con un pequeño folleto que anunciaba la III BTT Maratón Quaryat Al Kantar. Las dudas sobre la posibilidad de inscribirme sobrevolaron mi cabeza y claro, en esas estamos aún mientras procuro poner a punto la forma para realizar la carrera con un mínimo de posibilidades de… terminarla jejeje.

PERFIL III BTT MARATÓN QUARYAT AL KANTAR

PERFIL III BTT MARATÓN QUARYAT AL KANTAR

Solo tenía tres semanas para poner a punto la forma (ahora me queda solo una), pero como soy algo cabezota y hasta el último minuto no suelo tirar la toalla… Así que aprovechando el entrenamiento y sin dejar de lado la serie de recorridos por los parajes de Granada, os dejo esta nueva ruta que nos descubre nuevos pueblos y lugares de la provincia granadina.

La ruta comienza como es de costumbre en el paseo del salón dirección a Cenes de la Vega, un pueblo del que ya hemos hablado en otras ocasiones en este blog, y que es paso casi obligado para una gran cantidad de rutas ciclistas por carretera y BTT.

El principio del recorrido hasta el kilómetro 25 apróximadamente, es exactamente el mismo que se hace para seguir la ruta que nos llevó a Tocón de Quentar. Todo este recorrido lo hemos cubierto por carretera, pero a partir de este momento, justo después de pasar la Fuente de los Trucheros, tomaremos el desvío hacia la izquierda que nos llevará al cortijo de Aguas Blancas y al área recreativa que tiene el mismo nombre.

Perfil de la ruta

Perfil de la ruta

Ruta Granada- La Peza

Ruta Granada- La Peza

Este área recreativa de Aguas Blancas nos abre a nuestro paso un sin fin de zonas con barbacoas, mesas y bancos. Todo este área situada junto al barranco del polvorista tiene catalogación de  Lugar de Interés Comunitario (LIC), ya que es uno de los pocos refugios de Andalucía donde se mantienen poblaciones de cangrejo de río autóctono (Austropotamobius pallipes). El río Aguas Blancas continúa su curso pasando por la presa de Quentar, el propio pueblo de Quéntar y Dúdar, hasta desembocar en el Genil donde sus aguas sirvieron para abastecer la histórica fábrica de papel “el blanqueo” (esto suena un poco regular ehh!! jejeje) construida por Fernando Wilhelmi, empresario Alemán que llegó a ser cónsul de su país en Granada. Unida a la historia de esta fábrica se encuentra la figura de Bertha Wilhelmi una de esas mujeres olvidadas en la memoria y que realizó un papel de vital importancia para el desarrollo de la educación progresista en Granada.

Una vez pasado el cortijo de aguas blancas, hoy convertido en sede (espacio natural scout) del grupo scout Illiberis, nos encontraremos con una trifurcación, siguiendo de frente o girando a nuestra izquierda nos adentramos en el área recreativa de Aguas blancas, en su lugar nosotros tomamos la pista que sale por nuestra derecha para comenzar la subida que nos llevará a la cima del puerto de los Blancares (1.297 metros). La subida transcurre integramente por pista de tierra. Alternando pequeñas subidas con descansillos e incluso alguna que otra bajadilla de respiro. Se trata de una subida no muy dura que permite llevar un ritmo constante sin porcentajes elevados.

Una vez que salimos a la carretera GR-SE-39 que une Granada con la Peza, nos dirijimos  hacia el municipio de La Peza en un descenso bastante rápido y cómodo. Aprovechamos para reponer líquidos y comer alguna pieza de fruta para prepararnos para la vuelta.

La Peza fue siempre un punto clave de comunicación entre el levante de la península y la vega de Granada, desde los gascones que fundaron Illiberis, que desde aquí trazaron un desvío hasta la vía Augusta. En época musulmana, ya denominada como Labassa, se construyó el castillo fortaleza del que hoy se conserva, sobre todo, la torre del homenaje. La Peza forma además parte de la ruta Münzer del legado andalusí, denominada así en honor al médico, humanísta y viajero alemán Jerónimo Münzer.  En última instancia la historia de La Peza se encuentra unida a la de Manuel Atienza, su alcalde carbonero, que organizó y llevó a cabo el enfrentamiento del pueblo a los franceses en 18.10.

Fuente en homenaje a Manuel Atienza (el carbonero-alcalde) en La Peza)

Fuente en homenaje a Manuel Atienza (el carbonero-alcalde) en La Peza)

La vuelta la afrontamos por la misma carretera por la que hemos descendido, enfrentándonos de nuevo a la subida al puerto de los Blancares, que se ha subido en varias ocasiones en la vuelta ciclista a España. Como podéis ver en el perfil que os dejo un poco más abajo, se trata de un puerto suave, catalogado de 3ª categoría y que en ningún momento supera el 6.5 % de pendiente.

Perfil y altimetría del puerto de Los Blancares desde La Peza (fuente: altimetrías.com http://www.altimetrias.net/aspbk/verPerfilusu.asp?id=209)

Perfil y altimetría del puerto de Los Blancares desde La Peza (fuente: altimetrías.com http://www.altimetrias.net/aspbk/verPerfilusu.asp?id=209)

En la cima de Blancares tomaremos el desvío hacia la derecha para adentrarnos de nuevo en la pista de tierra que nos llevará hasta aguas blancas. Desde aquí y hasta el cruce con la carretera de Granada-Pinos Genil el recorrido es prácticamente en bajada alternando algún falso llano. En este cruce giraremos a la derecha de nuevo para dirigirnos hacia Granada, terminando nuestra salida en el Paseo del Salón.

Os dejo el enlace al track de wikiloc:

http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=7766346

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