La cima más alta (II)

Llegaba el día. Aún la noche de antes dudaba de hacerlo. Miré las condiciones meteorológicas, día de calor, pero sin viento. Ese viento que representa tu enemigo más peligroso si subes al Veleta, porque lo que aquí es un simple aire, en la cumbre, a más de 3.000 metros de altura se convierte en un freno extra, que se suma al cansancio acumulado, la altitud y el desgaste energético.

12.08.2017.

6:45 horas. Como siempre, cuando se trata de salidas largas, el día comenzaba temprano, esta vez, algo más temprano de lo habitual. Quería evitar el pesado sol de las 3 de la tarde a la vuelta e intentar llegar a la cima con tiempo suficiente para tomarme un descanso disfrutando el paisaje.

Una vez más revisé todo lo que tenía previsto llevar: 1 gel de glucosa, 3 barritas de cereales, 3 ciruelas pequeñas, 1 bote de bebida isotónica bien congelada y otro bote con la bebida muy fría, manguitos y cortavientos, para evitar coger frío en las primeras horas y durante la bajada.

9:00 horas. Enfilo el camino que me llevará hacia la carretera de Sierra Nevada. En la primera rotonda, saliendo de Cenes de la Vega, se me plantean dos opciones de subida:

  • Una primera opción es coger la primera salida a la derecha, dirigiéndome hacia el enlace directo con la carretera nueva que sube hacia Prado Llano. Desde esta subida, toda la pendiente es constante, entre el 5 y el 6 %, exceptuando un tramo de aproximadamente 1 km en el que nos encontramos, en este principio de subida, con rampas de hasta el 8%.
  • La segunda opción, es seguir por la segunda salida de la rotonda, en línea recta, enfilando la carretera que nos llevará hacia Pinos Genil, comenzando desde allí la subida, se trata de 3 Km de subida constante al 6-7% con algún descansillo, enlazando con la A-395 después de pasar el Barranco de las Gayombar.

Finalmente la elección, tomada sobre la marcha, fue seguir hasta la segunda salida, para afrontar esos 3 km que me llevarían a enlazar con la A-395 de la subida tradicional.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Empezar con un poco de desnivel la subida, me ayudaba a calentar las piernas, a poner las pulsaciones a tono e ir encontrando un ritmo adecuado de subida. Por otra parte, siempre he preferido los altos desniveles a esas rampas que se hacen eternas al 4 o 5% de desnivel.

Hasta el enlace con la carretera tradicional de Sierra Nevada, los kilómetros pasaron bastante rápido. Tenía confianza en llegar a la cima, tal y como me había propuesto e intentaba no pensar en todo lo que me quedaba por delante. Mientras ascendía pensaba en otra de las decisiones que tendría que tomar durante la subida, dirigirme a la Hoya de la Mora tomando la carretera del Collado de las Sabinas o continuar por la A-395 hasta la estación de esquí y comenzar desde allí la ascención a la Hoya de la Mora.

Cima más alta II

Comparativa entre las dos posibilidades en la subida hasta la Hoya de la Mora

7.1 Km de subida. Enlazaba con la A-395, las rampas bajaban de desnivel, apenas había bebido, trataba de guardar el máximo de líquido durante la subida, tenía previsto no rellenar los botes hasta llegar a la Hoya de la Mora, así que tenía que planear bien la dosificación para no quedarme corto.

La subida es muy tendida y eso me dejaba tiempo para poder pensar tranquilamente, recrearme en el camino, evadirme de todo lo relacionado con aquello que quedaba a más de 1500 metros por debajo de las ruedas de mi bici. Echar una mirada a la montaña, buscar las distintas cimas que rodena todo el conjunto de Sierra Nevada, pensar en como afrontar esa parte de las subida al Collado de Las Sabinas, que para mí era totalmente nuevo.

Bifurcación Subida Sierra Nevada

Detalle de la bifurcación según la dirección de nuestra subida

Llegaba al Barranco de Las Víboras, un pequeño descansillo en la subida. La pendiente desciende en porcentajes, para acercarnos en un par de curvas al Centro de visitantes de El Dornajo, donde la carretera se bifurca ofreciéndonos la opción de seguir por la A-395 hacia Pradollano o por el contrario, encarar la antigua subida a Sierra Nevada por el Colllado de Las Sabinas y que posteriormente nos llevará hasta la Hoya de la Mora.

Aquí comenzaba esa parte nueva e inexplorada para mí de la subida. Justo comenzando la subida por la carretera que me llevaría hacia el Collado de Las Sabinas, me encontraba con algunos cicloturistas que también habían elegido este día para ascender a la cumbre. La compañía siempre viene bien durante unos kilómetros, pero el ritmo no era el mejor para lo que me quedaba por subir, ellos se quedaban en la Hoya de la Mora, pero a mí desde allí aún me quedarían 10 kilómetros por subir, con porcentajes qeu rondaban el 7% de media por kilómetro en muchos kilómetros, así que tocaba regular, y después de seguir a su ritmo 4 o 5 kilómetros, decidí bajar pulsaciones y subir un par de piñones para resguardar las piernar.

Collado de Las Sabinas

Detalle de las vistas durante parte de la subida al Collado de Las Sabinas

Agradecía la sombra de los pinos que nos resguardan durante los primeros kilómetros de la subida, pero una vez que vamos ascendiendo, el entorno se vuelve más árido, desde más de 2200 metros de altitud se puede ver gran parte de la vega que rodea Granada y si centras tu mirada en lo que tienes por delante, lo único que puedes diferenciar entre los distintos picos de Sierra Nevada y esas largas rectas de carretera por las que sigues ascendiendo, es el característico pico de la cima del Veleta. Tan cerca a simple vista y tan lejos para nuestras piernas.

La cima mas alta II

Al final de las largas rectas, entre los picos de Sierra Nevada… El Veleta

Apenas me quedaban unos kilómetros para llegar a la Hoya de la Mora, pero estas rectas se me estaban haciendo eternas. Al desnivel que castigaba mis piernas, se unía una leve brisa de viento, que me hacía temer no poder culminar el reto. Sin embargo, algo en mi cabeza me decía que más allá de preocuparme, solo debía seguir pedaleando hacia la cima.

Había gastado una de las piezas de fruta que llevaba para alimentarme y tan solo uno de los botes de líquido, la Hoya de la Mora estaba cerca, así que aproveché para pegar un par de tragos, con la idea clara de poder reponer en alguno de los bares que pueblan aquella explanada de Sierra Nevada.

Hoya de la Mora: 2.500 metros de altura, 3 horas de subida.

Había llegado a la Hoya de la Mora.

Paro en uno de los bares. Aquello está lleno de ciclistas, motociclistas y familias que se han acercado en coche para subir caminando al Veleta, o simplemente para disfutar de una cerveza a 2500 metros de altitud, disfrutando de un aire menos viciado que el que nos rodea en nuestras ciudades.

Apenas paro 5 minutos, el tiempo de beber una lata de bebida isotónica y rellenar uno de los botes con otra. Vuelvo a subirme a la bici y encaro la carretera que me llevará hasta “la cima más alta”. El principio de la subida es suave, me voy acercando al observatorio “Mojón del Trigo”, un edificio hoy abandonado, que sin embargo llegó a ser uno de los observatorios más importantes y en el que la última observación se realizó hace más de 22 años, “cuando la SAG realizo el seguimiento del impacto del cometa Shoemaker-Leavy 9 contra Júpiter.” . Continúo mi ruta, rodeando otro enclave histórico, la pequela cima que alberga la pequeña figura de “la virgen de las nieves”, una estatua construida por sufragio popular y que debe su origen a la supuesta aparición de dicha virgen a un sacerdote y su compañero de rutas mientras se perdieron subiendo al pico de La Carihuela. Como no soy santo, ni devoto, y mis creencias se basan en la caonfianza en quienes me rodean y la capacidad de acción de las personas, no sería yo quien pediría llegar a la cima a ninguna virgen. Los esfuerzos se concentraban en la pendiente y en seguir haciendo girar los pedales con el objetivo de ascender aquellas carreteras.

Último tramo desde Hoya de la Mora al Veleta

Último tramo desde Hoya de la Mora al Veleta (Detalle de imagen sacada de altimetrías.com)

La subida comenzaba a pesar, la carretera agrietada por el efecto del hielo y los cambios de temperatura de la montaña, el desnivel de la carretera, el esfuerzo acumulado. Quedaban a penas 5 kilómetros y la subida parecía interminable. A mi lado pasaban algunos ciclistas, igual que yo alcanzaba a otros. Todos teníamos la misma meta.

Mis pulsaciones continuaban rondando las 145, sin embargo, notaba que mi ritmo había descendido bastante, no sabía si todo el cansancio que arrastraba o el simple efecto de la altura, hacía que mis piernas pesaran cada vez más a cada kilómetro que pasaba. Cuando estás tan cerca de la meta que hace unas horas parecía imposible, no son las piernas las que te llevan hasta el final, es tu cabeza, el empeño puesto en no dar la vuelta estando tan cerca. Una sensación que te empuja y sin duda, nos ayuda, pero que hay que saber manejar para no caer en la enfermiza obsesión que pueda lastrar nuestra salud.

Acababa la carretera, al menos aquella que podemos denominar carretera como tal. Comenzaba una pista de tierra y piedras, casi intransitable, llena de agujeros y grava suelta, pero mi intención era llegar hasta arriba, no importaba si la pista apenas agarraba con las finas ruedas de la bicicleta o si me costaba el doble dar pedales. A 500 metros de la cima, la subida era imposible. Bajé de la bici, me quité los zapatos, y con la bici a cuestas, trepé por las piedras que te llevan hasta el hito que marca la cima del Veleta. Ahora sí. Había llegado a la cumbre, a la cima más alta.

A penas 30 minutos de descanso y reponer fuerzas, toda comida era poca. Sin embargo, guardé una barrita para de cereales para la bajada y por supuesto algo de bebida isotónica, que complementé con una nueva lata que compré en la Hoya de la Mora.

Parece mentira, 4 horas y 40 minutos de subida y en solo 1 hora 45 minutos o 2 horas, estaría de nuevo en Cenes de la Vega. La bajada deja margen para poder recrearnos en todo lo vivido durante la ascensión, recordando cada tramo de la subida y pensando ya en los próximos retos a realizar, porque aunque haya alcanzado la cima más alta de la península, ¿Acaso no quedan montañas por descubrir?

Os dejo un enlace a strava, con el recorrido completo del día.

https://www.strava.com/activities/1129701682

Recorrido completo de la subida

Recorrido completo de la subida

 

 

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La cima más alta (I)

Desde que llegué a Granada mi vista no dejó nunca de mirar hacia arriba. Nunca dejé de soñar con la cima más alta de la península (si hablamos de cimas asfaltadas). Intenté satisfacer mis ansias de llegar a aquella cima con un sin fin de carreteras, caminos, retos, subidas, bajadas… pero la obsesión por llegar allí y hacerlo sobre la montura de mi bici no dejaba de estar presente en mis sueños.

Este año, como ya conté en alguna entrada anterior, he logrado organizar mi vida para poder disfrutar mucho más del deporte que tanto me apasiona, el objetivo estaba ahí, en mi cabeza, aunque a nadie le dijera nada. El mes de julio fue especialmente divertido en lo que a entrenamientos se refiere, el fondo de entrenamiento ya estaba más que trabajado, comenzaba a potenciar más la fuerza y el mantenimiento de esfuerzos a altas pulsaciones, para ganar capacidad anaeróbica y por fin sentía que se acercaba el momento de intentar ese ansiado reto.

El sprint final comenzó una semana antes. Siempre intento hacer una prueba de acercamiento ante cualquier tipo de reto que me planteo, para valorar mis posibilidades, para tantear el cuerpo y mis capacidades. Así que el 5 de agosto, decidí probar las piernas y también, la cabeza.

La cima más alta

Tramo de subida al puerto de Monachil-El Purche

Puede que quienes no estéis familiarizad@s con el deporte, no entendáis muy bien a qué me refiero con eso de “la cabeza”, pero si me lo permitís, me gustaría explicarlo un poco: Puede que tengas un entrenamiento perfecto, puede que tu fondo físico y tus músculos estén perfectamente, que el aporte nutricional para la carrera haya sido el adecuado, pero si falla tu cabeza, si no tienes claro que dentro de ese inmenso disfrute que vas a vivir, encontraras períodos de sufrimiento, de nada servirá todo el entrenamiento realizado.

Como decía, el 5 de agosto decidí hacer el primer acercamiento al reto. Puede que la ruta de acercamiento a seguir hubiese sido hacer kilómetros, meter desnivel y horas acumuladas de esfuerzo, programar algunas series entre medias. Sí, ese es el acercamiento a los retos, pero yo buscaba otro tipo de acercamiento, un acercamiento visual, de respirar el aire que estaría respirando durante más de una hora, de ver con mis propios ojos aquella cima, de llevar en mi cabeza el objetivo en los peores momentos.

Puede que no lo haya dicho mucho, pero si el entrenamiento es importante, la alimentación es la clave para conseguir cualquier reto deportivo. Y la alimentación empieza días antes del reto. Pero, eso es otra historia de la que hablaré en otra de estas entradas.

Cuando me planteo estas salidas que me van a tener más de 4 horas sobre la bici, siempre procuro dormir bien la noche anterior. El día comienza bien temprano. Aquel 5 de agosto la mañana ya amanecía algo calurosa, con el fresco típico que deja el clima de Granada algunos días de verano, pero todo hacía preveer que “Lorenzo” apretaría en pocos minutos.

Necesitaba acercarme a mi objetivo y que mejor que hacerlo subiendo a Sierra Nevada. Sí, a la estación de esquí. Soy de esos que no saben hacer las cosas por la vía fácil y rápida. Me gusta lo complicado, lo que me exige esfuerzo y lo que me pone entre la espada y la pared, con una pierna fuera del pedal y en el suelo, y la cabeza empujando a seguir.

Saliendo de Cenes, me encamino hacia Granada, paso por el barrio de Bola de Oro, a partir de aquí, todo incita a mirar hacia arriba. Una rotonda, de esas que dan respeto, y comienza la carretera hacia Monachil. Primero el barrio, con la carretera en leve ascenso, haciendo que poco a poco vayas subiendo piñones y pensando en utilizar ya el plato pequeño. Después el pueblo, antesala de lo que nos espera. Pequeño, hundido entre montañas y escondiendo la maravilla de “Los Cahorros” en el comienzo del primer puerto del día: Subida al Puerto de Monachil (El Purche), 8.3 Kms., 649 metros de desnivel, pendiente media del 8%, con pendientes de hasta el 16%. ¡Un gusto para calentar las piernas!

Alto de Monachil

Perfil de la subida a Monchil. Imagen publicada en: https://www.39x28altimetrias.com/altodemonachil.html

Comienzo a subir, prácticamente, tengo todo el desarrollo metido, aunque guardo un último piñón que, soy consciente, me hará falta en la primera pared de este primer kilómetro. No llega a tener 100 metros, pero al 14% y las piernas aún no han sudado lo suficiente. El marcador del cuentakilómetros empieza a asentarse en los 10 km/h.

Coger el ritmo, de eso se trata. Queda mucho por delante y después de esta subida solo tendré un descanso de 1 Km de bajada antes de comenzar las rampas de Sierra Nevada. Lo más duro de esta subida, es esa sensación de estar solo: No te encuentras ningún ciclista durante la subida (salvo en contados días), el sol aprieta y no encuentras si quiera un pequeño árbol que te ampare bajo su sombra. Lo mejor: echar la vista al frente en cualquier curva: a un lado Granada, sus pueblos, toda una extensión de campo y vega; al otro una montaña infinita y todos los kilómetros que quedan por subir.

Una vez asentado el ritmo, la subida se comienza a digerir. Voy racionando la bebida y la alimentación. Aún no he comido nada, pero llevo casi un bote gastado, entre agua y bebida isotónica, cuando aún me quedan un par de kilómetros para la cima. Bueno, acalremos que hablamos de la primera cima, antes del pequeño descanso que nos meterá en el último kilómetro al purche.

Se acerca el muro, la pendiente comienza a superar el desnivel medio mantenido durante la subida. bajo el ritmo, para controlar pulsaciones, estoy a más de 150 ppm y quiero retrasar el esfuerzo para no derrumbarme en la rampa final, ese 16% en el que buscas un poco de aire y los gramos de fuerza necesarios para no echar pie a tierra. Parar o disminuir el ritmo demasiado, significa no volver a arrancar y por supuesto no seguir adelante.

La rampa se echa encima, las pulsaciones suben de 160 latidos por minuto, 168 marca el pulsómetro en el momento en que la rampa se hace imposible. Me levanto sobre los pedales, empujo con el cuerpo, apenas quedan 50 metros para que toda la pendiente suavice, y en eso se concentra mi mente. Solo pienso que quedan unas cuantas pedaladas para que pare el dolor de piernas, aunque solo sea por unos instantes…

Pasado ese duro tramo, llegamos al camping de El Purche. Tiempo para comprar un par de latas de bebida isotónica, una para rellenar bidones y otra para beberla en el instante. Reanudo la marcha y llega el momento de comenzar a ingerir algo de comida. Me decido por una barrita de cereales, si espero más adelante me da que va a estar tan calentita que en lugar de ayudar se me va a atravesar en la garganta. Un par de tragos y comienzan esos 500 metros de bajada que nos dejan delante del último kilómetro de subida al Purche. La cima se ve allí arriba, lo más duro ha pasado y las ganas de comenzar la siguiente subida, hacia la estación de esquí, empujan hacia arriba.

A lo lejos, en lo más fondo del paisaje de Sierra Nevada, se ve aquel pico que parece ligeramente doblado, el objetivo, la cima del Veleta. El sueño al que he mirado tanto tiempo. Pero, hoy no es el día. Hoy tan solo voy a mirarlo de lejos, pero nos quedan pocos días para medirnos las fuerzas y vernos de cerca.

Antes de la subida final hacia la estación de esquí, una pequeña bajada, apenas 2 kilómetros que enlazan esta serpenteante y estrecha carretera de El Purche con la amplia carretera de subida a Sierra Nevada. El asfalto cambia, volviéndose más liso, la pendiente es mucho menos pronunciada y la bici se desliza con mayor facilidad. Conozco la subida, no es la primera vez que llego a la estación de esquí y sé que lo más duro está por llegar. No se trata de la pendiente, ni de la distancia, se trata de esos amplios tramos de rectas interminables, donde los kilómetros no pasan y la estación parece estar cada vez más lejos.

Voy regulando el ritmo, acompañando las pedaladas de pequeños tragos de agua o bebida isotónica. Aún me quea algo de fruta, pero decido guardarla para cuando comience la bajada, las fuerzas me responden y mi cabeza comienza a pensar en el día ideal para buscar conseguir aquel reto que me planteo. LLergar a la cima asfaltada más alta de la península.

Ya veo la estación de esquí, el último kilómetro parecía no terminar a pesar de no tener apenas desnivel. Entro en el pueblo, compro otra lata de bebida isotónica y sin más tiempo para descansar, decido cmenzar la bajada. El reto no ha terminado, porque todo lo que se sube, tarde o temprano, tenemos que bajarlo y descander esta alta cumbre también representa un bonito reto, aunque en cada kilómetro de descenso nos vengan a la retina las imágenes de cada paso que hemos dado durante la subida.

El cuentakilómetros se dispara y donde antes marcaba 10, 12, 15 o como mucho 18 km/h, ahora marca hasta 65 km/h. Lo que hemos tardado horas en subir lo descenderemos en apenas una hora. Ahora sí. Comienza la cuenta atrás para alcanzar la cima más alta.

Os dejo el enlace a este bonito entrenamiento camino de la estación de esquí de Sierra Nevada:

https://www.strava.com/activities/1118226634

Continuará…

 

 

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Hola. Mucho más que un saludo.

Estoy seguro que todas aquellas personas que han practicado ciclismo, sobre todo si lo han hecho por carretera, han vivido esa situación de cruzarse con otr@ ciclista por el camino y recibir alguna expresión de esas que muestran un ¿simple? Saludo.

Hace ya más de 5 años, tuve la enorme suerte de realizar un curso de director deportivo de ciclismo que impartía Mikel Zabala, entre otros profesores. Ese curso tenía una parte de prácticas, que consistía en distintas salidas en bicicleta, para aprender las variadas disciplinas del ciclismo, desde la pista al trial, pasando por el btt, el descenso, los relevos en contrarreloj por equipos, etc.

Curso monitor ciclismo

Foto del curso de monitor de ciclismo

Sin duda, todo lo aprendido en ese curso me sirvió para mejorar personalmente mis entrenamientos y para comprender mucho mejor este deporte que tanto me aporta en el ámbito personal. Pero, sobre todo no puedo dejar de recordar unas palabras que el propio Mikel nos soltó en una de las primeras salidas que tuvimos, invitándonos a saludar, a mantener los valores del deporte y respetar a quienes nos encontramos por carretera, pistas y senderos, si queremos que también nuestro deporte sea respetado.

No hay amante de la bicicleta que no haya recibido un saludo de otro ciclista al estar practicando su deporte favorito en cualquier ruta larga. Eso es algo que aprendí en mis primeras salidas por carretera, hace ya bastantes años. Un simple saludo a las y los ciclistas que nos cruzamos representa mucho más que la acción de tener un encuentro, es un acto de complicidad, de seguridad y de apoyo entre colegas.

Al saludar a esa otra persona le estamos transmitiendo que estamos ahí, por si algún día necesita de nosotros, le decimos que puede contar con nuestra ayuda, si tiene un percance, le estamos invitando a saber que aunque en su entrenamiento estén ella/él y su bicicleta, en la carretera no está sol@, somos muchas más personas las que disfrutamos este deporte y las que estaremos para ayudarle.

Hola mucho más que un saludo

Recientemente en una de esas salidas que tengo la suerte de hacer con Eli, para recorrer distintos senderos en mountain bike, nos cruzamos con una par de ciclistas, yo no mostré mucho interés, simplemente alcé la vista y con un pequeño gesto de cabeza y un simple “buenas” me limité a saludar, pero Eli se dio cuenta de algo más y no dudó en decírmelo: “ha pinchado”. Miré hacia atrás y no aprecié el pinchazo, Elisa insistía, así que di la vuelta en el camino y aceleré el ritmo para alcanzarlos. Llegando a su altura, les pregunté si habían pinchado, sobraba la pregunta, porque el simple hecho de acercarme, me hizo ver cuanta razón llevaba Eli y la suerte de que se fijara en ese percance.

Les ofrecí los parches, que normalmente llevo cada vez que salimos de ruta, aunque después caí en la cuenta de que siempre llevo una cámara encima para posibles problemas que puedan surgir, así que les dije que sería más rápido y mejor que cambiaran la cámara. No paraban de agradecernos que les dejáramos la cámara e insistían en devolvernos el favor, comprando otra cámara y dejándola en algún punto donde pudiera recogerla. Ni que decir tiene que no es la filosofía que sigo en mi vida, ni en la práctica del deporte que tanto aprecio. Así que no se trataba de rechazar esa oferta, sino simplemente de hacer ver que si paramos, si ofrecemos ayuda no es esperando la devolución de esta, sino solo pensando que en cualquier otra ocasión, habrá otras muchas personas dispuestas a parar su entrenamiento para dedicar su tiempo y ayuda a quienes sufren un percance por los caminos y carreteras que transitamos.

Si vemos a una o varias personas paradas en el arcén, arreglando su bici o simplemente paradas, nuestro saludo o la simple pregunta para ofrecer ayuda,; si fuese necesaria, puede aportar un gran alivio cuando por error o despiste, no tenemos las herramientas o habilidades necesarias para poder arreglar nuestro problema y seguir disfrutando nuestro día de bici.

De ahí la increíble magia que nos brinda un simple saludo: saber que si un día tienes un percance habrá alguien que no dudará en frenar su entrenamiento, pasar despacio a tu lado, parar junto a tu bici y preguntar: ¿Todo va bien? ¿Puedo ayudar?. Porque en la carretera, a quienes más indefens@s estamos practicando el deporte que amamos, siempre nos hará falta cierta complicidad y compañerismo para evitar que un simple percance se convierta en una pesadilla.

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Haciendo trampas: 5 trucos para engañar al tiempo en la práctica deportiva

Pues sí, yo también hago trampas. En la última entrada comentaba la importancia de organizarnos en nuestra preparación, sin olvidarnos de dedicar tiempo a esas otras cosas que tanto nos ayudan y nos importan en nuestra vida: familia, amistades, estudios, trabajo, etc. Sin embargo, muy a nuestro pesar, a veces por más que queramos organizarnos el trabajo u otras responsabilidades limitan la posibilidad de dedicar tiempo a ese deporte que tanto nos gusta o a esa preparación que queremos alcanzar.

Resulta complicado organizar una preparación seria sin que afecte directamente a otros campos de tu vida. Por eso, yo hace tiempo que decidí que si no se puede conseguir todo el tiempo necesario para practicar el deporte que nos gusta, podemos llevarnos el deporte que nos gusta a esos otros espacios de nuestra vida. Aquí os dejo 5 trucos que suelo utilizar para, al menos de algún modo, no perder totalmente la forma física en los momentos con menos tiempo para practicar deporte:

1.Aprovechar los desplazamientos

Este truco es sencillo y seguro que más de un@ lo habéis hecho. En mi caso, trabajo a unos kilómetros de mi casa, unos 10 más o menos, así que estaba claro que eso representaba una oportunidad para desplazarme en bici. Si bien, con estos desplazamientos no vamos a lograr mejorar la forma física, sí que podremos mantener de alguna forma nuestro organismo activo, sobre todo aquellas personas que realizan menos ejercicio físico. Además, ya hay estudios que nos muestran los beneficios de ir en bici al trabajo. Podeís consultar un artículo relacionado en este enlace.

Moverse en bici o andar para desplazarnos a nuestro lugar de trabajo, de estudio, etc. es una buena forma de acercarnos al ejercicio físico y hacer que nuestro organismos se habitúe a las pedaladas. Para mí estos casi 40 o 45 minutos diarios suponen mantener la balanza para poder entrenar en serio en otros momentos. Quizás a la ida no podamos machacarnos, pero en la vuelta a casa tenemos vía libre para sudar y machacarnos con la motivación extra de llegar pronto a nuestra casa.

Quienes vivis en Granada y alrededores podéis consultar la página de la Oficina de la bicicleta para más información.

2. Practicar distintos deportes

Uno de los trucos que más me han servido a lo largo de mi vida tanto en el plano personal como en el profesional es no cerrarme a probar nuevos retos. Está claro que para mí montar en bicicleta me aporta un extra que pocos deportes me dan, pero he practicado fútbol sala, atletismo, btt, senderismo… Suplir la falta de tiempo para poder hacer ciclismo con la practica de otros deportes me permite poder mantener la forma física, además de entrenar distintos grupos musculares, complementando el entrenamiento de bicicleta.

Es cierto, que si vamos a participar en alguna cicloturista o maratón btt, debemos entrenar centrándonos cada vez más en aquella especialidad deportiva para la que tenemos marcado nuestro objetivo, no olvidemos que la especifidad es uno de los principios básicos del entrenamiento deportivo, pero yo no busco ser el mejor sobre la bici, sino disfrutar de ella y en periodos en los que nos interesa mantener la forma y nuestro tiempo no nos permite realizar entrenamientos largos en bicicleta, tanto correr como nadar pueden ayudarnos a mantener un mínimo de condición física.

3. Llevarnos el deporte con nosotr@s

Más de una vez, mi preciada bicicleta me ha acompañado a esas vacaciones que tanto deseamos tener a lo largo del año. En otras ocasiones, como decía antes, suplir las horas de bicicleta por un buen rato corriendo me ha ayudado a que ese período de vacaciones no mermara el trabajo realizado meses antes.

En realidad no se trata de mantener forma física o de entrenar por el simple hecho de hacerlo. Para mí, llevarme el deporte conmigo significa, descubrir nuevos caminos haciendo senderismo en buena compañía, buscar retos deportivos en esos nuevos lugares que visitamos, disfrutar la naturaleza y sus sonidos, sus aromas, sus caminos.

Llevarnos el deporte con nosotros es así, una forma de disfrutar las vacaciones o cualquier visita a un lugar distinto en el que vivimos, experimentando el placer de poner mantener activo nuestro cuerpo.

4. Salir de noche

En una sociedad perdida en la velocidad, que arrasa con gran parte del tiempo que tenemos al día, buscar ese espacio para esa práctica deportiva que tanto amamos puede convertirse en un trabajo imposible. Así que la oscuridad de la noche se convierte en una posible aliada a tener en cuenta.

He de confesar que en este caso solo he practicado este truco en un par de ocasiones, pero últimamente cada año son más las personas que aprovechan la noche para practicar deporte. Las ventajas son varias, en primer lugar experimentar con un nuevo reto para nosotr@s mism@s, no debemos olvidar que acostumbrar nuestra visión y adquirir la habilidad de dirigir correctamente la luz hacia el punto por el que vamos transitando, representa nuevos aprendizajes que complementan nuestro entrenamiento y adaptación física; por otro lado, en zonas y períodos de extremo calor, salir a practicar nuestro deporte por la noche nos evita esa sensación de asfixia que inunda nuestros entrenamientos cuando las temperaturas superan los 35 grados.

Eso sí, salir por la noche implica, al menos desde mi punto de vista, una responsabilidad extra. Esa responsabilidad está relacionada con adquirir y usar un equipamiento adecuado para la práctica deportiva que realizamos, es decir, al menos un frontal con los lumen suficientes para alumbrarnos el camino y los posibles peligros que podamos encontrarnos, para ello no dudéis en consultar las distintas necesidades de luminosidad en función de la velocidad y el terreno que circulemos.

5. Implica a familia y amistades

El deporte siempre es más divertido cuando se practica en compañía. En mi caso, siempre he intentado contagiar esa pasión que me mueve a subirme a la bicicleta a todas aquellas personas con las que me he relacionado, con suerte muy dispar.

Contagiar e implicar la practica deportiva a las personas que nos conocen nos ayuda en distintos sentidos, por un lado hacemos que comprendan de una forma mucho más cercana los beneficios tanto físicos como psicológicos o emocionales que nos aporta una practica deportiva moderada, por otra parte nos permite obtener un tiempo extra de práctica deportiva en compañía de personas a las que queremos, con el doble beneficio que eso nos aporta, además nos ayuda a saber adaptar nuestras capacidades físicas a las de otras personas, podéis plantear retos conjuntos, hacer ciertos piques si los niveles físicos son similares o podéis aprender a respetar los ritmos de otras personas para mostrarles que no todo en el mundo del deporte es competir, sino que existen valores mucho más importantes detrás del “simple” acto de hacer deporte.

Estoy seguro que estos trucos no solo son míos y no son los únicos que existen para ganarle el partido al tiempo traicionero que reduce nuestras posibilidades de practicar deporte. Si tienes algún truco no dudes en comentar y hacerlo llegar, estaré encantado de sumar nuevas formas de poder disfrutar del deporte y por supuesto, sobre todo, de la bicicleta.

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La base de la preparación: más horas, más días, menos intensidad

La base de la preparación de toda carrera es planificar las fechas y los entrenamientos. En la última entrada del blog, hablaba de la importancia de reflejar esos procesos que poco a poco nos llevan a mejorar nuestro fondo físico, o incluso mental, para enfrentarnos antes o después a alguna carrera cicloturista o algún reto personal que nos hayamos marcado.

A veces, quienes amamos de alguna forma la práctica del deporte, no encontramos el tiempo suficiente para poder desarrollar los planes que nos marcamos en nuestro desarrollo físico. Sin embargo, mi experiencia personal me ha llevado a tener en cuenta todas aquellas circunstancias que también tenemos que atender en nuestras vidas y que de una u otra forma, también ayudan a que nuestra forma física mejore, aunque nunca lleguemos a ser un@s profesionales.

Después de aquella primera salida corta en la que retomaba el contacto con la bici, he tenido la suerte de encontrarme en mi camino con una motivación extra que, sin duda, empuja a recorrer las carreteras sin dudarlo un segundo. Hace unos meses tomé la, para mí, dura decisión de deshacerme de mi vieja bicicleta de carretera. La primera. Aquella que me ha acompañado en más de una aventura, aquella que ha sufrido más de un accidente conmigo. Me deshice de mi querida bicicleta, no sin antes tener pensado que sería sustituda por una nueva.

Así que, el 12 de marzo, tocaba estrenar bicicleta, y que mejor que hacerlo con una salida por el primer recorrido que hice en bici por los parajes de Granada. Tenía 18 años, cuando por primera vez, y gracias a un compañero de clase, descubrí el recorrido que llevaba desde Granada capital, hasta Quentar, un paseo que se ha convertido en un clásico en mis salidas en bici, no solo por el precioso paisaje que me acompaña durante la salida, sino porque tiene todo tipo de terrenos en su recorrido, llano, falso llano, subida, bajada… Además, se trata de una de las carreteras más frecuentadas por ciclistas de la provincia, incluyendo algún que otro equipo profesional que pasa sus entrenamientos de invierno por Granada.

El recorrido hasta el pueblo de Quéntar resulta bastante fácil, desde la salida de Granada hasta el desvío a la carretera de Dúdar y Quéntar son unos 7 o 7.5 kilómetros llanos, pero a partir de este desvío la carretera comienza a alternan falsos llanos y bajadas que nos acercarán poco a poco a los pueblos de Dúdar y Quéntar, que albergan interesantes historias de las que ya hablé en el post que os dejo en este enlace, a partir de Quéntar la carretera comienza a ascender ligeramente, llevándonos hasta el Pantano de Quéntar, del que también hablamos en este otro post.

Base de la preparación

Ruta desde Granada al Pantano de Quéntar

Cómo decía en mi último post, los comienzos nunca son fáciles, y cuando comenzamos el año lo importante no es salir un día a hacer 80 kilómetros y parar toda la semana siguiente, sino todo lo contrario. Si realmente queremos adquirir una buena forma física, lo importante y lo primero que debemos trabajar es nuestro fondo físico, es decir, más horas de ejercicio, más días a la semana, es decir, más volumen, pero a intensidades medias y bajas. Por desgracia los compromisos en que me meto no me dejan cumplir con esta condición básica para mejorar la forma física.

¿Qué quiere decir eso de volumen e intensidades medias y bajas?

Cuando en el mundo del ejercicio físico hablamos de volumen, nos referimos al número de horas por entrenamiento, días de entrenamiento, repeticiones por sesión, etc. la intensidad, por otro lado, hace referencia a la parte cualitativa de ese entrenamiento, y se calcula utilizando como referencia la frecuencia cardíaca, o para quienes son más pro, el potenciometro, en el caso de tenerlo.

Pero, para que nos entendamos bien y no ponerme muy técnico, vamos a dividir nuestra intensidad en 3 colores distintos:

Verde: Durante el ejercicio puedes charlar tranquilamente, compaginando tu respiración y sin sentir ningún tipo de dificultad respiratoria mientras hablas y practicas ejercicio a la vez. Te mantienes entre un 30% y un 60% de intensidad, en relación a tus pulsaciones se sitúan entre las 80 y las 130 por minuto como mucho.

Amarillo: Tu intensidad de ejercicio comienza a aumentar, te situas por encima del 60% de intensidad en e ejercicio. Tus pulsaciones están por encima de las 130 y por debajo de las 145. Entras a niveles superiores de esfuerzo, no te es tan fácil hablar con tus compañer@s de ruta, te falta aliento y puedes conversar, pero sientes que necesitas aires cada dos o tres palabras.

Rojo: La conversación con quienes te acompañan ha quedado atrás. No hay nada que no sea la concentración en el ejercicio que estás desarrollando. Tu intensidad supera el 80% y tus pulsaciones se acercan a la máximo de tu frecuencia cardíaca. Te cuesta respirar y el ejercicio está consumiendo todas tus reservas de energía.

Para calcular nuestra intensidad de ejercicio en función de nuestras sensaciones, también podemos utilizar la escala de percepción del esfuerzo de Borg.

La base d ela preparación

Cuadro orientativo intensidad por colores

Así que estas primeras semanas de entrenamiento, lo que toca es aumentar las horas por sesión, poco a poco y sin reventarnos en los primeros días; aumentar los días en los que hacemos ejercicio, sacar ese tiempo en nuestra vida puede resultar lo más dificil; y disfrutar de nuestras salidas, disfrutando del paisaje, charlando con quienes salimos, si vasmos en grupo.

Queda mucho tiempo para castigar al cuerpo con entrenamientos duros, yo no soy el mejor ejemplo de planificación.

Os dejo los enlaces a Strava de las dos salidas:

https://www.strava.com/activities/897229428

https://www.strava.com/activities/906605515

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Los comienzos nunca son fáciles

“Hay gente que no soporta la soledad y cuando el propio ego desaparece necesita sentir el cariño de los demás para encender el fuego que se ha apagado en su interior. Pero yo no soy así; yo necesito poder alejarme de los abrazos de los demás y únicamente en la soledadpuedo encontrar la serenidad para responder a las preguntas que, ante las personas que quiero, guardo en un cajón para mostrar serenidad y fuerza. Pero todos los cajones, en un momento u otro, tienen que abrirse”.

(La frontera invisible, K. Jornet pág.32)

Por lo general cuando escribimos sobre nuestras experiencias en cualquier ámbito, tambien en el deportivo, solemos reflejar los procesos avanzados, completos o con ciertos objetivos conseguidos. En esos fragmentos de experiencias a veces olvidamos los comienzos, haciendo parecer que el camino hasta llegar a recorrer 120 kilómetros o terminar cualquier tipo de prueba de carretera o de BTT fua poco más que un par de salidas y unas horas sobre la bici.

Me atrevo a decir, por mi experiencia, que eso mismo sucede cuando tratamos de mostrar lo que hacemos en otros campos como la educación o la intervención. Por eso, hoy quería recoger esos comienzos en bici después de un largo parón. Ese principio de proyecto y objetivo. Os traigo los primeros entrenamientos después de un parón que se extiende casi 3 meses, no por gusto, sino por diversas circunstancias. Parones que hacen que volver al trabajo físico cueste el doble de lo que nos costaba antes.

Este año he comenzado bastante tarde la vuelta al entrenamiento, concretamente el 26 de febrero y después de una parada que venía desde el 6 de noviembre, justo cuando participé en la media maratón ciudad de Granada.

La verdad, es que cada año, cuando vuelvo a retomar el placer de subirme a la bicicleta para hacer unos kilómetros, el proceso se repite. Por lo general, llevas mucho tiempo queriendo comenzar a salir pero, entre el trabajo y los compromisos con otras personas, la primera salida se va retardando. Pensarlo mucho quizás es la mejor forma de no comenzar nunca.

Me cuesta tomar la decisión, simplemente por pensarla. Pero, para mí, salir con la bici es una necesidad, una forma de airear la mente, soñar, ver más allá de los problemas que nos ahogan en el día a día. Salir es encontrarme con la naturaleza y con mi soledad, para no perder la oportunidad, una vez que se vuelve, de poder encontrarme con los demás.

Casi todos los años llega un día en que sin saber por qué o al menos sin explicación lógica, te levantas de la cama, miras esa bici y piensas, ¡HOY SALGO!. Ya está, no había ni hay nada más que pensar. Es cuestión de actuar, de no planear el momento idóneo, porque, por supuesto, nunca llegará el momento idóneo. Es solo cuestión de hacer, de coger el culote y el maillot, de llenar el bidón de agua, ponerte el casco y salir pitando.

Para mí, poco importa si la primera salida es de 45 minutos, de 1 hora, de si son 15, 20 o 30 kilómetros. La primera salida solo representa el placer de volver a disfrutar con una actividad que sabes que te encanta, pero que no siempre puedes practicar. A partir de aquí, todo rueda solo… las reacciones físicas de nuestro cuerpo generan los impulsos necesarios para que no olvides ese placer de impulsar los pedales para hacer rodar las ruedas de la bici. Es como esa primera vez que comes una onza de chocolate y ya siempre, buscarás ese pequeño trocito para poder paladear el intenso sabor que te dejó aquella primera vez.

Así que, la primera salida fue un precioso disfrute de los alrededores de Granada. Un poco de barro, siempre ayuda a recordar la parte más divertida de este deporte.

Ruta de Btt por la fuente de la bicha hacia Pinos Genil

En Strava tenéis todo los detalles de la ruta: https://www.strava.com/activities/897222507

A quienes empiezan en esto de la bicicleta, siempre les recomiendo que comiencen por salidas como esta. El recorrido es suave, sin apenas dificultad y completamente llano. Además podemos disfrutar de un paisaje maravilloso junto al río Genil y para terminar atrevernos a probar uno de los famosos arroces del bar “Los cazadores”, en Pino Genil, parada casi obligatoria, ya sea para comer unas tapas y después volver o simplemente para rellenar nuestros botes de agua.

Bueno, comenzamos el año con una entrada corta y sencilla, simplemente para ir desentimeciendo los músculos y preparar el cuerpo para todo lo que está por llegar. Comenzar es hacer, sin pensarlo demasiado, comenzar es, a veces, tirarse al agua sin salvavidas.

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Cumpliendo años, cumpliendo sueños: III Qayart Al Kantar (maratón BTT)

“Lo podrás explicar y la gente podrá ver lo que han visto tus ojos. Podrás hacer fotografías y podrán escuchar cómo silban los pájaros o cómo la nieve mece las ramas de los árboles. Podrás escribirlo y podrán incluso sentir el viento en la cara o el olor a tierra mojada. Pero nunca podrás lograr que sientan la emoción que tú has sentido al estar presente. No podrás conseguir que sus ojos lloren como han hecho los tuyos o que su corazón palpite como ha hecho el tuyo.”

                                                   (Kilian Jornet, Correr o morir)

A punto de cumplir años se me presentaba de nuevo la oportunidad de poder celebrar ese día con un regalo especial. Una vez más tenía en fechas cercanas al 30 de septiembre la oportunidad de regalarme uno de esos retos que tanto me gustan y me motivan.

El 27 de septiembre de 2014 se corría la Qayart Al Kantar una maratón de BTT que lleva realizándose unos años en la provincia de Granada formando parte de las carreras que puntúan para el campeonato de Andalucía de BTT.

Os dejo un pequeño video de la carrera:

Desde que descubrí la carrera tenía claro que mi objetivo era prepararme para correrla y cubrir un reto más. Ya había participado en una carrera de fondo en carretera, así que ahora me tocaba ponerme a prueba en una de BTT.

Pasé los meses anteriores a la carrera recorriendo con mi bicicleta de montaña todos los caminos y senderos que podían acercarme a una forma aceptable para correr la Qayart Al Kantar, intentando cubrir el kilometraje de la prueba y acercándome a los desniveles que se subirían. Lo que peor llevaba de cara a mi participación eran los descensos, algo lógico en alguien que siempre ha practicado el ciclismo de carretera y que no termina de acostumbrarse a las típicas trialeras del BTT, a esas bajadas donde te encuentras raíces que emergen de la tierra, rocas que estrechan el sendero, etc, etc. A pesar de este inconveniente, el reto de enfrentarme a algo nuevo, de hacerlo con otras personas y de poner a prueba mi resistencia y mi propio cuerpo en una carrera como esta superaba cualquier miedo o duda que pudiese asomar por mi cabeza.

Pocas semanas antes de la prueba intentaba reconocer todo el trayecto que me tocaría recorrer el día de la carrera, reconocer el terreno, medir mis fuerzas y conocer algunas de las subidas. Exploraba los alrededores de Quéntar, Aguas Blancas, Fuente Alta, La Argumosa… cualquier ruta la hacía pasar por los alrededores de la prueba para preparar las piernas para lo que se me venía encima. Salía solo, a veces pasando horas conmigo mismo, conociendo caminos nuevos, encontrándome en medio del monte, sin nada ni nadie a mi alrededor que no fuera la naturaleza, mi bicicleta y mis propios pensamientos. ¿Se puede pensar mientras subes una fuerte pendiente y clavas tu mirada en el final del ascenso o en la próxima curva esperando el deseado descanso para tus piernas? Sí, en mis años he descubierto que se puede pensar, pero además te inundan pensamientos mucho más profundos que los que puedes tener sentado en una silla o un sofá. Mis sueños nacen con cada kilometro que recorren mis piernas, mis miedos duermen cada minuto que paso lejos del constante murmullo de la ciudad.

27 de septiembre, 6.30 a.m. Me despierto temprano. Después de tomar un desayuno cargado de hidratos de carbono (unas galletas, cereales y pan), repaso de nuevo la bici, compruebo que todo lo que tengo que llevar está en su lugar. El pulsometro, para controlar los esfuerzos aunque casi ni lo mire una vez montado sobre la bici; un par de barritas energéticas, sin chocolate para no poner perdido el maillot; un sobre de glucosa, esta vez quería tener la reserva por si el esfuerzo acababa con mis fuerzas; los bidones, uno de agua congelada y otro de sales minerales para ir dosificando; chubasquero, el día amanecía nublado y todo hacía prever que tocaría ponerlo; manguitos y perneras, porque parecía que el frío me iba a acompañar en el camino.

Todo estaba listo y a las 7.30 a.m. montaba sobre mi bici para recorrer los aproximadamente 14 Km que me separaban del lugar de salida de la prueba. Mientras me encaminaba hacia Quéntar repasaba cada lugar que conocía de la ruta en la que me iba a embarcar. Las piernas temblaban. Sentía como ese momento en que vas a enfrentarte a algo que no sabes si has preparado lo suficiente, era como un examen, con la particularidad de que era uno de esos exámenes en los que solo tú mismo puedes ponerte la nota, una prueba contigo mismo, algo que iba a disfrutar pero que también me iba a hacer conocer mis propias fuerzas, mis límites y mis posibilidades.

Aún no llovía y yo albergaba la esperanza de que esas nubes que cubrían el cielo nos dieran tregua durante la carrera. Pedaleaba tranquilo, evitando gastar fuerzas que pudiese necesitar durante la carrera. Por fin, después de un buen rato de camino llegaba al pueblo de Quéntar, allí en pleno centro neurálgico del pequeño pueblo todo estaba lleno de ciclistas que recogían los dorsales o esperaban la salida desayunando en los bares de alrededor. La gran mayoría, por no decir todas las personas que se disponían a correr, llegaban en coche o furgoneta. Yo observaba todo a mi alrededor, y después de acercarme para recoger mi dorsal (me tocó el 174) decidí acercarme a un bar y volver a tomar algo (un zumo y media tostada). Es curioso, me encontraba más nervioso que en aquella ocasión en la que me metí 180 Km. en las piernas, no sé si era por el tiempo de espera añadido, por ver la cantidad de personas que se agolpaba en la salida o por pensar en lo duro que era el recorrido (íbamos a subir un desnivel acumulado de 2.234 m, subiendo a una altura máxima de 1.586m).

Durante el desayuno tengo la oportunidad de hablar con una de las participantes en la carrera. Ella ya es la segunda vez que participa y me expresa su inquietud por saber que tipo de “trampas” han preparado esta vez. Me comenta que en la última edición metieron algunas trialeras de miedo. Ni que decir tiene que comparto su inquietud, aunque lo que yo siento es más bien miedo ante lo que me puedo encontrar.

Daban el aviso para diriguirse hacia la salida, yo me iba acercando, quedandome por la parte trasera. Mientras tanto el speaker comenzaba a nombrar a ciclistas profesionales que estaban en la carrera, algunas/os para preparar los campeonatos de España, otras/os retirados del ciclismo de carretera y que ahora corrían estos campeonatos de Andalucía. Más de 240 corredoras y corredores dispuestos a ponerse a prueba. Os podéis imaginar que más que relajarme los nervios seguían en aumento.

¡Se lanza la salida! (Aquí, como en todas las carreras de BTT, al contrario que en las cicloturistas de carretera no hay tramos neutralizado… ¡a tope desde la salida!). Llevo un desarrollo alto, sabiendo que lo primero que nos espera ya comienza a ser duro. Tras un pequeño repecho por carretera para salir del pueblo nos enfentamos a una bajada, también asfaltada, que nos dejará al comienzo de la primera subida. A penas ha transcurrido 1 Km 800 metros y ya estamos subiendo.

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Comienzan a adalenatarme corredores, yo me relajo, voy tranquilo e intento controlar el paso por el primer punto de control, que está situado al final de la subida y al que tengo que llegar antes de que lo cierren. Me encuentro bien en un principio pero, a mitad de subida comienzo a notar que me estoy quedando con las piernas bloqueadas, ¿¡qué mierda me pasa!?. Sigo adelante, sabiendo que el último tramo de subida tiene la pendiente más dura de toda la carrera (21,8 %). Miro el pulsómetro, estoy en el límite de tiempo, aprieto y empujo hacia arriba todo lo que puedo. Al fondo veo a la persona que va controlando el paso, comienzo a pensar que parece mentira, solo 5 Km de carrera y voy a llegar fuera de tiempo al primer paso de control. Paso, justo en el tiempo límite (en cualquier caso no creo que me pararan si me hubiese pasado del tiempo), y aún así pienso que por detrás mia aún debe venir alguien (o intentaba consolarme con eso jejeje). A partir de aquí, bajada hacia el pantano de Quentar, primer avituallamiento y camino a encontrarme con la siguiente subida.

Aún en todo el camino no me había cruzado con nadie desde la primera subida. Estaba a punto de entrar en la segunda subida, camino de Aguas Blancas, hacia el Barranco de la Zarzadilla. Apenas 14 Km y 600 metros de carrera y comenzaba una nueva subida que coronaríamos en el kilómetro 22, el alto de la Fuente de la Torre. Al fondo, no muy lejos de mí, veía a dos ciclistas. Conocía perfectamente la subida de pasar por ella en casi todos mis entrenamientos, así que comencé regulando bien y sabiendo que era una subida que no se hacía muy dura a pasar de que el barro agarrara aún más las ruedas. Justo a mitad de subida alcancé a los dos ciclistas que iban por delante, se trataba de dos chavales, muy jóvenes. Les animé y ellos a mí. Me causó una gran admiración ver a dos chicos tan jóvenes enfrentándose a una carrera tan dura y tan larga para la BTT.

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La carrera continuaba, nuevo paso de control y avituallamiento en el alto de montaña. Seguimos camino de La Peza (Km 36,686) pasando por el puerto de Fuente Alta. Justo antes de llegar a La Peza me enfrento a un primer descenso rápido, pero peligroso, en este mismo descenso me cruzo con otro compañero de fatigas. Ha pinchado. Paro a ofrecerle ayuda, pero me dice que continúe, que todo está controlado. Por fin, La Peza. Avituallamiento, lleno los bidones que están practicamente vacíos; me como un poco de plátano y guardo otros 2 trozos; aún tengo el gel de glucosa en el maillot. Qué sería de quienes participamos en estas carreras sin el apoyo de estas personas que en determinados puntos nos animan a comer y rellenar agua. En esta ocasión los puntos de avituallamiento los habían montado la gente de Balakook, a los que conocía por ser mi tienda de referencia a la hora de arreglar cualquier problema de mis bicicletas, ¡qué enorme trabajo!. El siguiente tramo es largo y duro hasta el próximo avituallamiento. Afortunadamente esas fuerzas que me faltaron en los primeros kilómetros de la carrera han ido volviendo poco a poco a mis piernas. Me siento bien, con ganas de enfrentarme a los tramos finales, ansioso por descubrir la próxima subida, una de las pocas que no conozco y que me puede dar más de una sorpresa. A través de la pista por la que transcurre la Transnevada nos vamos a enfrentar a la subida al mirador de la Bermeja, 7 kilómetros de subida con pendiente irregular y constante.

Volvía a adelantarme aquel compañero que había pinchado en la bajada hacia La Peza, intento pegarme a él para continuar la subida pero, su ritmo es demasiado alto para mí, así que decido continuar con el ritmo que había puesto al principio. La subida se hace larga y justo a mitad de puerto la lluvia comienza a apretar. Decido parar y colocarme el chubasquero. Llueve con fuerza. Las gotas de agua van cayendo desde el casco por mi cara, la pista comienza a embarrarse, agacho la cabeza, solo pienso en llegar arriba y lanzarme hacia abajo. Lo de lanzarme es un decir, porque las precauciones son mayores con lluvia, al menos para alguien que como yo solo se juega la enorme satisfacción de la superación personal en esta carrera.

Volvemos a tomar la pista del Área recreativa de Aguas Blancas, en esta ocasión para dirigirnos al Barranco del Polvorista. Nueva subida, 4 Km cortos, pero duros que me van a llevar a los últimos 20 km de carrera. El cuerpo empieza a notar el cansancio, que sumado a la lluvia y el barro, siembran el deseo de llegar cuanto antes al final de esta aventura. En mi cabeza solo hay sitio para un pensamiento, la meta. Cruzar, dejarme caer sobre el manillar de mi bici, disfrutar de una nueva aventura, pero esta vez con la mente, centrada en el recuerdo de cada metro recorrido, cada paisaje disfrutado, cada momento de sufrimiento para las piernas y de sueños para la mente. Decido tomar el gel de glucosa que aún conservaba en el maillot, pienso que es el momento oportuno para hacer que un nuevo chute de hidratos me ayude a terminar los últimos kilómetros, esos momentos en los que solo sobre la bici, subiendo por estas sendas me llego a preguntar por qué termino metiéndome en estas locuras. Sé la respuesta y sé que nada me hará dejar de plantaarle retos físicos a mi cuerpo y a mi mente.

¡Ya está! A penas quedan 6 kilómetros y lo que queda es bajada. Todo está superado, me queda disfrutar, la última subida a los Tajos del Agarradero me ha hecho sufrir, pensar que no llegaba, sentir que la subida se eternizaba sobre el sillín de mi bici, buscar constantemente la referencia que me marcara el final de la pendiente ascendente y el principio del fin, el principio de la placentera bajada hacia la meta en Quéntar. Un momento, ¡¿Qué es esto?!. Mi gozo en un pozo, toda la adrenalina soltada al llegar al alto, toda la relajación para la que mi cuerpo se estaba preparando, aquella sensación de placer al pensar que solo me quedaba disfrutar de 6 kilómetros de bajada hacia Quéntar desaparecen para dejar paso a la concentración, ¡aquí está la sorpresa!. Esto no es una trialera ¡es un crimen!. Comienzo subido en la bici, bajando con los frenos bien tensados entre piedras que sobresalen hasta dar en los pedales o en los talones de mis zapatillas. Saco una pierna del pedal y apoyo, apenas son 300 metros de bajada pero, ¡parecen kiómetros!. Decido poner pie a tierra y hacer los últimos metros a pie, con extremo cuidado de mirar donde piso. Ahora sí, salgo al cruce con la carretera entre Quéntar y el Pantano de Quéntar, la guardia civil me indica la entrada hacia el pueblo, una última bajada, un pequeño recorrido por alguna de las calles del pueblo, un repecho más. Escucho el jaleo de la gente, el speaker continúa hablando, siguen llegando corredores a la meta, estoy a punto de girar la última curva. Ahí está, todo ha acabado, o mejor dicho, todo comienza de nuevo, porque en mi cabeza ya comienza a resonar la idea de un nuevo reto. Pero, ahora no. Ahora solo hay tiempo para comer y beber, darle un abrazo a Eli que ha esperado paciente a que llegara, imagino que con la incertudumbre de si finalmente lo conseguiría. Soy el último de mi categoría y apenas he llegado por delante de 3 o 4 corredoras/es. Otras/os abandonaron por el camino o no superaron los tiempos. Nada de eso importa, solo importa haberme superado una vez más, haber cumplido un nuevo sueño, un nuevo reto.

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En realidad, por más que a través de estas extensas entradas en mi blog trate de explicar las sensaciones o vivencias de estas carreras, no creo que nada pueda hacer llegar a quien se atreve a leerlas la placentera sensación de alcanzar la meta después de tanta preparación, de tanto soñar con conseguirlo y de tanto sufrir por seguir adelante.

Os dejo un enlace a la ruta en Strava y wikiloc, y las clasificaciones finales completas.

En STRAVA: https://www.strava.com/activities/200144997

En WIKILOC: http://www.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=10361620

Clasificaciones: http://www.zonarfec.com/documentos/carreras/5/doc_542a611c2d9b21.17039022_clasificaciones.pdf

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