Hola. Mucho más que un saludo.

Estoy seguro que todas aquellas personas que han practicado ciclismo, sobre todo si lo han hecho por carretera, han vivido esa situación de cruzarse con otr@ ciclista por el camino y recibir alguna expresión de esas que muestran un ¿simple? Saludo.

Hace ya más de 5 años, tuve la enorme suerte de realizar un curso de director deportivo de ciclismo que impartía Mikel Zabala, entre otros profesores. Ese curso tenía una parte de prácticas, que consistía en distintas salidas en bicicleta, para aprender las variadas disciplinas del ciclismo, desde la pista al trial, pasando por el btt, el descenso, los relevos en contrarreloj por equipos, etc.

Curso monitor ciclismo

Foto del curso de monitor de ciclismo

Sin duda, todo lo aprendido en ese curso me sirvió para mejorar personalmente mis entrenamientos y para comprender mucho mejor este deporte que tanto me aporta en el ámbito personal. Pero, sobre todo no puedo dejar de recordar unas palabras que el propio Mikel nos soltó en una de las primeras salidas que tuvimos, invitándonos a saludar, a mantener los valores del deporte y respetar a quienes nos encontramos por carretera, pistas y senderos, si queremos que también nuestro deporte sea respetado.

No hay amante de la bicicleta que no haya recibido un saludo de otro ciclista al estar practicando su deporte favorito en cualquier ruta larga. Eso es algo que aprendí en mis primeras salidas por carretera, hace ya bastantes años. Un simple saludo a las y los ciclistas que nos cruzamos representa mucho más que la acción de tener un encuentro, es un acto de complicidad, de seguridad y de apoyo entre colegas.

Al saludar a esa otra persona le estamos transmitiendo que estamos ahí, por si algún día necesita de nosotros, le decimos que puede contar con nuestra ayuda, si tiene un percance, le estamos invitando a saber que aunque en su entrenamiento estén ella/él y su bicicleta, en la carretera no está sol@, somos muchas más personas las que disfrutamos este deporte y las que estaremos para ayudarle.

Hola mucho más que un saludo

Recientemente en una de esas salidas que tengo la suerte de hacer con Eli, para recorrer distintos senderos en mountain bike, nos cruzamos con una par de ciclistas, yo no mostré mucho interés, simplemente alcé la vista y con un pequeño gesto de cabeza y un simple “buenas” me limité a saludar, pero Eli se dio cuenta de algo más y no dudó en decírmelo: “ha pinchado”. Miré hacia atrás y no aprecié el pinchazo, Elisa insistía, así que di la vuelta en el camino y aceleré el ritmo para alcanzarlos. Llegando a su altura, les pregunté si habían pinchado, sobraba la pregunta, porque el simple hecho de acercarme, me hizo ver cuanta razón llevaba Eli y la suerte de que se fijara en ese percance.

Les ofrecí los parches, que normalmente llevo cada vez que salimos de ruta, aunque después caí en la cuenta de que siempre llevo una cámara encima para posibles problemas que puedan surgir, así que les dije que sería más rápido y mejor que cambiaran la cámara. No paraban de agradecernos que les dejáramos la cámara e insistían en devolvernos el favor, comprando otra cámara y dejándola en algún punto donde pudiera recogerla. Ni que decir tiene que no es la filosofía que sigo en mi vida, ni en la práctica del deporte que tanto aprecio. Así que no se trataba de rechazar esa oferta, sino simplemente de hacer ver que si paramos, si ofrecemos ayuda no es esperando la devolución de esta, sino solo pensando que en cualquier otra ocasión, habrá otras muchas personas dispuestas a parar su entrenamiento para dedicar su tiempo y ayuda a quienes sufren un percance por los caminos y carreteras que transitamos.

Si vemos a una o varias personas paradas en el arcén, arreglando su bici o simplemente paradas, nuestro saludo o la simple pregunta para ofrecer ayuda,; si fuese necesaria, puede aportar un gran alivio cuando por error o despiste, no tenemos las herramientas o habilidades necesarias para poder arreglar nuestro problema y seguir disfrutando nuestro día de bici.

De ahí la increíble magia que nos brinda un simple saludo: saber que si un día tienes un percance habrá alguien que no dudará en frenar su entrenamiento, pasar despacio a tu lado, parar junto a tu bici y preguntar: ¿Todo va bien? ¿Puedo ayudar?. Porque en la carretera, a quienes más indefens@s estamos practicando el deporte que amamos, siempre nos hará falta cierta complicidad y compañerismo para evitar que un simple percance se convierta en una pesadilla.

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Haciendo trampas: 5 trucos para engañar al tiempo en la práctica deportiva

Pues sí, yo también hago trampas. En la última entrada comentaba la importancia de organizarnos en nuestra preparación, sin olvidarnos de dedicar tiempo a esas otras cosas que tanto nos ayudan y nos importan en nuestra vida: familia, amistades, estudios, trabajo, etc. Sin embargo, muy a nuestro pesar, a veces por más que queramos organizarnos el trabajo u otras responsabilidades limitan la posibilidad de dedicar tiempo a ese deporte que tanto nos gusta o a esa preparación que queremos alcanzar.

Resulta complicado organizar una preparación seria sin que afecte directamente a otros campos de tu vida. Por eso, yo hace tiempo que decidí que si no se puede conseguir todo el tiempo necesario para practicar el deporte que nos gusta, podemos llevarnos el deporte que nos gusta a esos otros espacios de nuestra vida. Aquí os dejo 5 trucos que suelo utilizar para, al menos de algún modo, no perder totalmente la forma física en los momentos con menos tiempo para practicar deporte:

1.Aprovechar los desplazamientos

Este truco es sencillo y seguro que más de un@ lo habéis hecho. En mi caso, trabajo a unos kilómetros de mi casa, unos 10 más o menos, así que estaba claro que eso representaba una oportunidad para desplazarme en bici. Si bien, con estos desplazamientos no vamos a lograr mejorar la forma física, sí que podremos mantener de alguna forma nuestro organismo activo, sobre todo aquellas personas que realizan menos ejercicio físico. Además, ya hay estudios que nos muestran los beneficios de ir en bici al trabajo. Podeís consultar un artículo relacionado en este enlace.

Moverse en bici o andar para desplazarnos a nuestro lugar de trabajo, de estudio, etc. es una buena forma de acercarnos al ejercicio físico y hacer que nuestro organismos se habitúe a las pedaladas. Para mí estos casi 40 o 45 minutos diarios suponen mantener la balanza para poder entrenar en serio en otros momentos. Quizás a la ida no podamos machacarnos, pero en la vuelta a casa tenemos vía libre para sudar y machacarnos con la motivación extra de llegar pronto a nuestra casa.

Quienes vivis en Granada y alrededores podéis consultar la página de la Oficina de la bicicleta para más información.

2. Practicar distintos deportes

Uno de los trucos que más me han servido a lo largo de mi vida tanto en el plano personal como en el profesional es no cerrarme a probar nuevos retos. Está claro que para mí montar en bicicleta me aporta un extra que pocos deportes me dan, pero he practicado fútbol sala, atletismo, btt, senderismo… Suplir la falta de tiempo para poder hacer ciclismo con la practica de otros deportes me permite poder mantener la forma física, además de entrenar distintos grupos musculares, complementando el entrenamiento de bicicleta.

Es cierto, que si vamos a participar en alguna cicloturista o maratón btt, debemos entrenar centrándonos cada vez más en aquella especialidad deportiva para la que tenemos marcado nuestro objetivo, no olvidemos que la especifidad es uno de los principios básicos del entrenamiento deportivo, pero yo no busco ser el mejor sobre la bici, sino disfrutar de ella y en periodos en los que nos interesa mantener la forma y nuestro tiempo no nos permite realizar entrenamientos largos en bicicleta, tanto correr como nadar pueden ayudarnos a mantener un mínimo de condición física.

3. Llevarnos el deporte con nosotr@s

Más de una vez, mi preciada bicicleta me ha acompañado a esas vacaciones que tanto deseamos tener a lo largo del año. En otras ocasiones, como decía antes, suplir las horas de bicicleta por un buen rato corriendo me ha ayudado a que ese período de vacaciones no mermara el trabajo realizado meses antes.

En realidad no se trata de mantener forma física o de entrenar por el simple hecho de hacerlo. Para mí, llevarme el deporte conmigo significa, descubrir nuevos caminos haciendo senderismo en buena compañía, buscar retos deportivos en esos nuevos lugares que visitamos, disfrutar la naturaleza y sus sonidos, sus aromas, sus caminos.

Llevarnos el deporte con nosotros es así, una forma de disfrutar las vacaciones o cualquier visita a un lugar distinto en el que vivimos, experimentando el placer de poner mantener activo nuestro cuerpo.

4. Salir de noche

En una sociedad perdida en la velocidad, que arrasa con gran parte del tiempo que tenemos al día, buscar ese espacio para esa práctica deportiva que tanto amamos puede convertirse en un trabajo imposible. Así que la oscuridad de la noche se convierte en una posible aliada a tener en cuenta.

He de confesar que en este caso solo he practicado este truco en un par de ocasiones, pero últimamente cada año son más las personas que aprovechan la noche para practicar deporte. Las ventajas son varias, en primer lugar experimentar con un nuevo reto para nosotr@s mism@s, no debemos olvidar que acostumbrar nuestra visión y adquirir la habilidad de dirigir correctamente la luz hacia el punto por el que vamos transitando, representa nuevos aprendizajes que complementan nuestro entrenamiento y adaptación física; por otro lado, en zonas y períodos de extremo calor, salir a practicar nuestro deporte por la noche nos evita esa sensación de asfixia que inunda nuestros entrenamientos cuando las temperaturas superan los 35 grados.

Eso sí, salir por la noche implica, al menos desde mi punto de vista, una responsabilidad extra. Esa responsabilidad está relacionada con adquirir y usar un equipamiento adecuado para la práctica deportiva que realizamos, es decir, al menos un frontal con los lumen suficientes para alumbrarnos el camino y los posibles peligros que podamos encontrarnos, para ello no dudéis en consultar las distintas necesidades de luminosidad en función de la velocidad y el terreno que circulemos.

5. Implica a familia y amistades

El deporte siempre es más divertido cuando se practica en compañía. En mi caso, siempre he intentado contagiar esa pasión que me mueve a subirme a la bicicleta a todas aquellas personas con las que me he relacionado, con suerte muy dispar.

Contagiar e implicar la practica deportiva a las personas que nos conocen nos ayuda en distintos sentidos, por un lado hacemos que comprendan de una forma mucho más cercana los beneficios tanto físicos como psicológicos o emocionales que nos aporta una practica deportiva moderada, por otra parte nos permite obtener un tiempo extra de práctica deportiva en compañía de personas a las que queremos, con el doble beneficio que eso nos aporta, además nos ayuda a saber adaptar nuestras capacidades físicas a las de otras personas, podéis plantear retos conjuntos, hacer ciertos piques si los niveles físicos son similares o podéis aprender a respetar los ritmos de otras personas para mostrarles que no todo en el mundo del deporte es competir, sino que existen valores mucho más importantes detrás del “simple” acto de hacer deporte.

Estoy seguro que estos trucos no solo son míos y no son los únicos que existen para ganarle el partido al tiempo traicionero que reduce nuestras posibilidades de practicar deporte. Si tienes algún truco no dudes en comentar y hacerlo llegar, estaré encantado de sumar nuevas formas de poder disfrutar del deporte y por supuesto, sobre todo, de la bicicleta.

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La base de la preparación: más horas, más días, menos intensidad

La base de la preparación de toda carrera es planificar las fechas y los entrenamientos. En la última entrada del blog, hablaba de la importancia de reflejar esos procesos que poco a poco nos llevan a mejorar nuestro fondo físico, o incluso mental, para enfrentarnos antes o después a alguna carrera cicloturista o algún reto personal que nos hayamos marcado.

A veces, quienes amamos de alguna forma la práctica del deporte, no encontramos el tiempo suficiente para poder desarrollar los planes que nos marcamos en nuestro desarrollo físico. Sin embargo, mi experiencia personal me ha llevado a tener en cuenta todas aquellas circunstancias que también tenemos que atender en nuestras vidas y que de una u otra forma, también ayudan a que nuestra forma física mejore, aunque nunca lleguemos a ser un@s profesionales.

Después de aquella primera salida corta en la que retomaba el contacto con la bici, he tenido la suerte de encontrarme en mi camino con una motivación extra que, sin duda, empuja a recorrer las carreteras sin dudarlo un segundo. Hace unos meses tomé la, para mí, dura decisión de deshacerme de mi vieja bicicleta de carretera. La primera. Aquella que me ha acompañado en más de una aventura, aquella que ha sufrido más de un accidente conmigo. Me deshice de mi querida bicicleta, no sin antes tener pensado que sería sustituda por una nueva.

Así que, el 12 de marzo, tocaba estrenar bicicleta, y que mejor que hacerlo con una salida por el primer recorrido que hice en bici por los parajes de Granada. Tenía 18 años, cuando por primera vez, y gracias a un compañero de clase, descubrí el recorrido que llevaba desde Granada capital, hasta Quentar, un paseo que se ha convertido en un clásico en mis salidas en bici, no solo por el precioso paisaje que me acompaña durante la salida, sino porque tiene todo tipo de terrenos en su recorrido, llano, falso llano, subida, bajada… Además, se trata de una de las carreteras más frecuentadas por ciclistas de la provincia, incluyendo algún que otro equipo profesional que pasa sus entrenamientos de invierno por Granada.

El recorrido hasta el pueblo de Quéntar resulta bastante fácil, desde la salida de Granada hasta el desvío a la carretera de Dúdar y Quéntar son unos 7 o 7.5 kilómetros llanos, pero a partir de este desvío la carretera comienza a alternan falsos llanos y bajadas que nos acercarán poco a poco a los pueblos de Dúdar y Quéntar, que albergan interesantes historias de las que ya hablé en el post que os dejo en este enlace, a partir de Quéntar la carretera comienza a ascender ligeramente, llevándonos hasta el Pantano de Quéntar, del que también hablamos en este otro post.

Base de la preparación

Ruta desde Granada al Pantano de Quéntar

Cómo decía en mi último post, los comienzos nunca son fáciles, y cuando comenzamos el año lo importante no es salir un día a hacer 80 kilómetros y parar toda la semana siguiente, sino todo lo contrario. Si realmente queremos adquirir una buena forma física, lo importante y lo primero que debemos trabajar es nuestro fondo físico, es decir, más horas de ejercicio, más días a la semana, es decir, más volumen, pero a intensidades medias y bajas. Por desgracia los compromisos en que me meto no me dejan cumplir con esta condición básica para mejorar la forma física.

¿Qué quiere decir eso de volumen e intensidades medias y bajas?

Cuando en el mundo del ejercicio físico hablamos de volumen, nos referimos al número de horas por entrenamiento, días de entrenamiento, repeticiones por sesión, etc. la intensidad, por otro lado, hace referencia a la parte cualitativa de ese entrenamiento, y se calcula utilizando como referencia la frecuencia cardíaca, o para quienes son más pro, el potenciometro, en el caso de tenerlo.

Pero, para que nos entendamos bien y no ponerme muy técnico, vamos a dividir nuestra intensidad en 3 colores distintos:

Verde: Durante el ejercicio puedes charlar tranquilamente, compaginando tu respiración y sin sentir ningún tipo de dificultad respiratoria mientras hablas y practicas ejercicio a la vez. Te mantienes entre un 30% y un 60% de intensidad, en relación a tus pulsaciones se sitúan entre las 80 y las 130 por minuto como mucho.

Amarillo: Tu intensidad de ejercicio comienza a aumentar, te situas por encima del 60% de intensidad en e ejercicio. Tus pulsaciones están por encima de las 130 y por debajo de las 145. Entras a niveles superiores de esfuerzo, no te es tan fácil hablar con tus compañer@s de ruta, te falta aliento y puedes conversar, pero sientes que necesitas aires cada dos o tres palabras.

Rojo: La conversación con quienes te acompañan ha quedado atrás. No hay nada que no sea la concentración en el ejercicio que estás desarrollando. Tu intensidad supera el 80% y tus pulsaciones se acercan a la máximo de tu frecuencia cardíaca. Te cuesta respirar y el ejercicio está consumiendo todas tus reservas de energía.

Para calcular nuestra intensidad de ejercicio en función de nuestras sensaciones, también podemos utilizar la escala de percepción del esfuerzo de Borg.

La base d ela preparación

Cuadro orientativo intensidad por colores

Así que estas primeras semanas de entrenamiento, lo que toca es aumentar las horas por sesión, poco a poco y sin reventarnos en los primeros días; aumentar los días en los que hacemos ejercicio, sacar ese tiempo en nuestra vida puede resultar lo más dificil; y disfrutar de nuestras salidas, disfrutando del paisaje, charlando con quienes salimos, si vasmos en grupo.

Queda mucho tiempo para castigar al cuerpo con entrenamientos duros, yo no soy el mejor ejemplo de planificación.

Os dejo los enlaces a Strava de las dos salidas:

https://www.strava.com/activities/897229428

https://www.strava.com/activities/906605515

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Los comienzos nunca son fáciles

“Hay gente que no soporta la soledad y cuando el propio ego desaparece necesita sentir el cariño de los demás para encender el fuego que se ha apagado en su interior. Pero yo no soy así; yo necesito poder alejarme de los abrazos de los demás y únicamente en la soledadpuedo encontrar la serenidad para responder a las preguntas que, ante las personas que quiero, guardo en un cajón para mostrar serenidad y fuerza. Pero todos los cajones, en un momento u otro, tienen que abrirse”.

(La frontera invisible, K. Jornet pág.32)

Por lo general cuando escribimos sobre nuestras experiencias en cualquier ámbito, tambien en el deportivo, solemos reflejar los procesos avanzados, completos o con ciertos objetivos conseguidos. En esos fragmentos de experiencias a veces olvidamos los comienzos, haciendo parecer que el camino hasta llegar a recorrer 120 kilómetros o terminar cualquier tipo de prueba de carretera o de BTT fua poco más que un par de salidas y unas horas sobre la bici.

Me atrevo a decir, por mi experiencia, que eso mismo sucede cuando tratamos de mostrar lo que hacemos en otros campos como la educación o la intervención. Por eso, hoy quería recoger esos comienzos en bici después de un largo parón. Ese principio de proyecto y objetivo. Os traigo los primeros entrenamientos después de un parón que se extiende casi 3 meses, no por gusto, sino por diversas circunstancias. Parones que hacen que volver al trabajo físico cueste el doble de lo que nos costaba antes.

Este año he comenzado bastante tarde la vuelta al entrenamiento, concretamente el 26 de febrero y después de una parada que venía desde el 6 de noviembre, justo cuando participé en la media maratón ciudad de Granada.

La verdad, es que cada año, cuando vuelvo a retomar el placer de subirme a la bicicleta para hacer unos kilómetros, el proceso se repite. Por lo general, llevas mucho tiempo queriendo comenzar a salir pero, entre el trabajo y los compromisos con otras personas, la primera salida se va retardando. Pensarlo mucho quizás es la mejor forma de no comenzar nunca.

Me cuesta tomar la decisión, simplemente por pensarla. Pero, para mí, salir con la bici es una necesidad, una forma de airear la mente, soñar, ver más allá de los problemas que nos ahogan en el día a día. Salir es encontrarme con la naturaleza y con mi soledad, para no perder la oportunidad, una vez que se vuelve, de poder encontrarme con los demás.

Casi todos los años llega un día en que sin saber por qué o al menos sin explicación lógica, te levantas de la cama, miras esa bici y piensas, ¡HOY SALGO!. Ya está, no había ni hay nada más que pensar. Es cuestión de actuar, de no planear el momento idóneo, porque, por supuesto, nunca llegará el momento idóneo. Es solo cuestión de hacer, de coger el culote y el maillot, de llenar el bidón de agua, ponerte el casco y salir pitando.

Para mí, poco importa si la primera salida es de 45 minutos, de 1 hora, de si son 15, 20 o 30 kilómetros. La primera salida solo representa el placer de volver a disfrutar con una actividad que sabes que te encanta, pero que no siempre puedes practicar. A partir de aquí, todo rueda solo… las reacciones físicas de nuestro cuerpo generan los impulsos necesarios para que no olvides ese placer de impulsar los pedales para hacer rodar las ruedas de la bici. Es como esa primera vez que comes una onza de chocolate y ya siempre, buscarás ese pequeño trocito para poder paladear el intenso sabor que te dejó aquella primera vez.

Así que, la primera salida fue un precioso disfrute de los alrededores de Granada. Un poco de barro, siempre ayuda a recordar la parte más divertida de este deporte.

Ruta de Btt por la fuente de la bicha hacia Pinos Genil

En Strava tenéis todo los detalles de la ruta: https://www.strava.com/activities/897222507

A quienes empiezan en esto de la bicicleta, siempre les recomiendo que comiencen por salidas como esta. El recorrido es suave, sin apenas dificultad y completamente llano. Además podemos disfrutar de un paisaje maravilloso junto al río Genil y para terminar atrevernos a probar uno de los famosos arroces del bar “Los cazadores”, en Pino Genil, parada casi obligatoria, ya sea para comer unas tapas y después volver o simplemente para rellenar nuestros botes de agua.

Bueno, comenzamos el año con una entrada corta y sencilla, simplemente para ir desentimeciendo los músculos y preparar el cuerpo para todo lo que está por llegar. Comenzar es hacer, sin pensarlo demasiado, comenzar es, a veces, tirarse al agua sin salvavidas.

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Cumpliendo años, cumpliendo sueños: III Qayart Al Kantar (maratón BTT)

“Lo podrás explicar y la gente podrá ver lo que han visto tus ojos. Podrás hacer fotografías y podrán escuchar cómo silban los pájaros o cómo la nieve mece las ramas de los árboles. Podrás escribirlo y podrán incluso sentir el viento en la cara o el olor a tierra mojada. Pero nunca podrás lograr que sientan la emoción que tú has sentido al estar presente. No podrás conseguir que sus ojos lloren como han hecho los tuyos o que su corazón palpite como ha hecho el tuyo.”

                                                   (Kilian Jornet, Correr o morir)

A punto de cumplir años se me presentaba de nuevo la oportunidad de poder celebrar ese día con un regalo especial. Una vez más tenía en fechas cercanas al 30 de septiembre la oportunidad de regalarme uno de esos retos que tanto me gustan y me motivan.

El 27 de septiembre de 2014 se corría la Qayart Al Kantar una maratón de BTT que lleva realizándose unos años en la provincia de Granada formando parte de las carreras que puntúan para el campeonato de Andalucía de BTT.

Os dejo un pequeño video de la carrera:

Desde que descubrí la carrera tenía claro que mi objetivo era prepararme para correrla y cubrir un reto más. Ya había participado en una carrera de fondo en carretera, así que ahora me tocaba ponerme a prueba en una de BTT.

Pasé los meses anteriores a la carrera recorriendo con mi bicicleta de montaña todos los caminos y senderos que podían acercarme a una forma aceptable para correr la Qayart Al Kantar, intentando cubrir el kilometraje de la prueba y acercándome a los desniveles que se subirían. Lo que peor llevaba de cara a mi participación eran los descensos, algo lógico en alguien que siempre ha practicado el ciclismo de carretera y que no termina de acostumbrarse a las típicas trialeras del BTT, a esas bajadas donde te encuentras raíces que emergen de la tierra, rocas que estrechan el sendero, etc, etc. A pesar de este inconveniente, el reto de enfrentarme a algo nuevo, de hacerlo con otras personas y de poner a prueba mi resistencia y mi propio cuerpo en una carrera como esta superaba cualquier miedo o duda que pudiese asomar por mi cabeza.

Pocas semanas antes de la prueba intentaba reconocer todo el trayecto que me tocaría recorrer el día de la carrera, reconocer el terreno, medir mis fuerzas y conocer algunas de las subidas. Exploraba los alrededores de Quéntar, Aguas Blancas, Fuente Alta, La Argumosa… cualquier ruta la hacía pasar por los alrededores de la prueba para preparar las piernas para lo que se me venía encima. Salía solo, a veces pasando horas conmigo mismo, conociendo caminos nuevos, encontrándome en medio del monte, sin nada ni nadie a mi alrededor que no fuera la naturaleza, mi bicicleta y mis propios pensamientos. ¿Se puede pensar mientras subes una fuerte pendiente y clavas tu mirada en el final del ascenso o en la próxima curva esperando el deseado descanso para tus piernas? Sí, en mis años he descubierto que se puede pensar, pero además te inundan pensamientos mucho más profundos que los que puedes tener sentado en una silla o un sofá. Mis sueños nacen con cada kilometro que recorren mis piernas, mis miedos duermen cada minuto que paso lejos del constante murmullo de la ciudad.

27 de septiembre, 6.30 a.m. Me despierto temprano. Después de tomar un desayuno cargado de hidratos de carbono (unas galletas, cereales y pan), repaso de nuevo la bici, compruebo que todo lo que tengo que llevar está en su lugar. El pulsometro, para controlar los esfuerzos aunque casi ni lo mire una vez montado sobre la bici; un par de barritas energéticas, sin chocolate para no poner perdido el maillot; un sobre de glucosa, esta vez quería tener la reserva por si el esfuerzo acababa con mis fuerzas; los bidones, uno de agua congelada y otro de sales minerales para ir dosificando; chubasquero, el día amanecía nublado y todo hacía prever que tocaría ponerlo; manguitos y perneras, porque parecía que el frío me iba a acompañar en el camino.

Todo estaba listo y a las 7.30 a.m. montaba sobre mi bici para recorrer los aproximadamente 14 Km que me separaban del lugar de salida de la prueba. Mientras me encaminaba hacia Quéntar repasaba cada lugar que conocía de la ruta en la que me iba a embarcar. Las piernas temblaban. Sentía como ese momento en que vas a enfrentarte a algo que no sabes si has preparado lo suficiente, era como un examen, con la particularidad de que era uno de esos exámenes en los que solo tú mismo puedes ponerte la nota, una prueba contigo mismo, algo que iba a disfrutar pero que también me iba a hacer conocer mis propias fuerzas, mis límites y mis posibilidades.

Aún no llovía y yo albergaba la esperanza de que esas nubes que cubrían el cielo nos dieran tregua durante la carrera. Pedaleaba tranquilo, evitando gastar fuerzas que pudiese necesitar durante la carrera. Por fin, después de un buen rato de camino llegaba al pueblo de Quéntar, allí en pleno centro neurálgico del pequeño pueblo todo estaba lleno de ciclistas que recogían los dorsales o esperaban la salida desayunando en los bares de alrededor. La gran mayoría, por no decir todas las personas que se disponían a correr, llegaban en coche o furgoneta. Yo observaba todo a mi alrededor, y después de acercarme para recoger mi dorsal (me tocó el 174) decidí acercarme a un bar y volver a tomar algo (un zumo y media tostada). Es curioso, me encontraba más nervioso que en aquella ocasión en la que me metí 180 Km. en las piernas, no sé si era por el tiempo de espera añadido, por ver la cantidad de personas que se agolpaba en la salida o por pensar en lo duro que era el recorrido (íbamos a subir un desnivel acumulado de 2.234 m, subiendo a una altura máxima de 1.586m).

Durante el desayuno tengo la oportunidad de hablar con una de las participantes en la carrera. Ella ya es la segunda vez que participa y me expresa su inquietud por saber que tipo de “trampas” han preparado esta vez. Me comenta que en la última edición metieron algunas trialeras de miedo. Ni que decir tiene que comparto su inquietud, aunque lo que yo siento es más bien miedo ante lo que me puedo encontrar.

Daban el aviso para diriguirse hacia la salida, yo me iba acercando, quedandome por la parte trasera. Mientras tanto el speaker comenzaba a nombrar a ciclistas profesionales que estaban en la carrera, algunas/os para preparar los campeonatos de España, otras/os retirados del ciclismo de carretera y que ahora corrían estos campeonatos de Andalucía. Más de 240 corredoras y corredores dispuestos a ponerse a prueba. Os podéis imaginar que más que relajarme los nervios seguían en aumento.

¡Se lanza la salida! (Aquí, como en todas las carreras de BTT, al contrario que en las cicloturistas de carretera no hay tramos neutralizado… ¡a tope desde la salida!). Llevo un desarrollo alto, sabiendo que lo primero que nos espera ya comienza a ser duro. Tras un pequeño repecho por carretera para salir del pueblo nos enfentamos a una bajada, también asfaltada, que nos dejará al comienzo de la primera subida. A penas ha transcurrido 1 Km 800 metros y ya estamos subiendo.

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Comienzan a adalenatarme corredores, yo me relajo, voy tranquilo e intento controlar el paso por el primer punto de control, que está situado al final de la subida y al que tengo que llegar antes de que lo cierren. Me encuentro bien en un principio pero, a mitad de subida comienzo a notar que me estoy quedando con las piernas bloqueadas, ¿¡qué mierda me pasa!?. Sigo adelante, sabiendo que el último tramo de subida tiene la pendiente más dura de toda la carrera (21,8 %). Miro el pulsómetro, estoy en el límite de tiempo, aprieto y empujo hacia arriba todo lo que puedo. Al fondo veo a la persona que va controlando el paso, comienzo a pensar que parece mentira, solo 5 Km de carrera y voy a llegar fuera de tiempo al primer paso de control. Paso, justo en el tiempo límite (en cualquier caso no creo que me pararan si me hubiese pasado del tiempo), y aún así pienso que por detrás mia aún debe venir alguien (o intentaba consolarme con eso jejeje). A partir de aquí, bajada hacia el pantano de Quentar, primer avituallamiento y camino a encontrarme con la siguiente subida.

Aún en todo el camino no me había cruzado con nadie desde la primera subida. Estaba a punto de entrar en la segunda subida, camino de Aguas Blancas, hacia el Barranco de la Zarzadilla. Apenas 14 Km y 600 metros de carrera y comenzaba una nueva subida que coronaríamos en el kilómetro 22, el alto de la Fuente de la Torre. Al fondo, no muy lejos de mí, veía a dos ciclistas. Conocía perfectamente la subida de pasar por ella en casi todos mis entrenamientos, así que comencé regulando bien y sabiendo que era una subida que no se hacía muy dura a pasar de que el barro agarrara aún más las ruedas. Justo a mitad de subida alcancé a los dos ciclistas que iban por delante, se trataba de dos chavales, muy jóvenes. Les animé y ellos a mí. Me causó una gran admiración ver a dos chicos tan jóvenes enfrentándose a una carrera tan dura y tan larga para la BTT.

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La carrera continuaba, nuevo paso de control y avituallamiento en el alto de montaña. Seguimos camino de La Peza (Km 36,686) pasando por el puerto de Fuente Alta. Justo antes de llegar a La Peza me enfrento a un primer descenso rápido, pero peligroso, en este mismo descenso me cruzo con otro compañero de fatigas. Ha pinchado. Paro a ofrecerle ayuda, pero me dice que continúe, que todo está controlado. Por fin, La Peza. Avituallamiento, lleno los bidones que están practicamente vacíos; me como un poco de plátano y guardo otros 2 trozos; aún tengo el gel de glucosa en el maillot. Qué sería de quienes participamos en estas carreras sin el apoyo de estas personas que en determinados puntos nos animan a comer y rellenar agua. En esta ocasión los puntos de avituallamiento los habían montado la gente de Balakook, a los que conocía por ser mi tienda de referencia a la hora de arreglar cualquier problema de mis bicicletas, ¡qué enorme trabajo!. El siguiente tramo es largo y duro hasta el próximo avituallamiento. Afortunadamente esas fuerzas que me faltaron en los primeros kilómetros de la carrera han ido volviendo poco a poco a mis piernas. Me siento bien, con ganas de enfrentarme a los tramos finales, ansioso por descubrir la próxima subida, una de las pocas que no conozco y que me puede dar más de una sorpresa. A través de la pista por la que transcurre la Transnevada nos vamos a enfrentar a la subida al mirador de la Bermeja, 7 kilómetros de subida con pendiente irregular y constante.

Volvía a adelantarme aquel compañero que había pinchado en la bajada hacia La Peza, intento pegarme a él para continuar la subida pero, su ritmo es demasiado alto para mí, así que decido continuar con el ritmo que había puesto al principio. La subida se hace larga y justo a mitad de puerto la lluvia comienza a apretar. Decido parar y colocarme el chubasquero. Llueve con fuerza. Las gotas de agua van cayendo desde el casco por mi cara, la pista comienza a embarrarse, agacho la cabeza, solo pienso en llegar arriba y lanzarme hacia abajo. Lo de lanzarme es un decir, porque las precauciones son mayores con lluvia, al menos para alguien que como yo solo se juega la enorme satisfacción de la superación personal en esta carrera.

Volvemos a tomar la pista del Área recreativa de Aguas Blancas, en esta ocasión para dirigirnos al Barranco del Polvorista. Nueva subida, 4 Km cortos, pero duros que me van a llevar a los últimos 20 km de carrera. El cuerpo empieza a notar el cansancio, que sumado a la lluvia y el barro, siembran el deseo de llegar cuanto antes al final de esta aventura. En mi cabeza solo hay sitio para un pensamiento, la meta. Cruzar, dejarme caer sobre el manillar de mi bici, disfrutar de una nueva aventura, pero esta vez con la mente, centrada en el recuerdo de cada metro recorrido, cada paisaje disfrutado, cada momento de sufrimiento para las piernas y de sueños para la mente. Decido tomar el gel de glucosa que aún conservaba en el maillot, pienso que es el momento oportuno para hacer que un nuevo chute de hidratos me ayude a terminar los últimos kilómetros, esos momentos en los que solo sobre la bici, subiendo por estas sendas me llego a preguntar por qué termino metiéndome en estas locuras. Sé la respuesta y sé que nada me hará dejar de plantaarle retos físicos a mi cuerpo y a mi mente.

¡Ya está! A penas quedan 6 kilómetros y lo que queda es bajada. Todo está superado, me queda disfrutar, la última subida a los Tajos del Agarradero me ha hecho sufrir, pensar que no llegaba, sentir que la subida se eternizaba sobre el sillín de mi bici, buscar constantemente la referencia que me marcara el final de la pendiente ascendente y el principio del fin, el principio de la placentera bajada hacia la meta en Quéntar. Un momento, ¡¿Qué es esto?!. Mi gozo en un pozo, toda la adrenalina soltada al llegar al alto, toda la relajación para la que mi cuerpo se estaba preparando, aquella sensación de placer al pensar que solo me quedaba disfrutar de 6 kilómetros de bajada hacia Quéntar desaparecen para dejar paso a la concentración, ¡aquí está la sorpresa!. Esto no es una trialera ¡es un crimen!. Comienzo subido en la bici, bajando con los frenos bien tensados entre piedras que sobresalen hasta dar en los pedales o en los talones de mis zapatillas. Saco una pierna del pedal y apoyo, apenas son 300 metros de bajada pero, ¡parecen kiómetros!. Decido poner pie a tierra y hacer los últimos metros a pie, con extremo cuidado de mirar donde piso. Ahora sí, salgo al cruce con la carretera entre Quéntar y el Pantano de Quéntar, la guardia civil me indica la entrada hacia el pueblo, una última bajada, un pequeño recorrido por alguna de las calles del pueblo, un repecho más. Escucho el jaleo de la gente, el speaker continúa hablando, siguen llegando corredores a la meta, estoy a punto de girar la última curva. Ahí está, todo ha acabado, o mejor dicho, todo comienza de nuevo, porque en mi cabeza ya comienza a resonar la idea de un nuevo reto. Pero, ahora no. Ahora solo hay tiempo para comer y beber, darle un abrazo a Eli que ha esperado paciente a que llegara, imagino que con la incertudumbre de si finalmente lo conseguiría. Soy el último de mi categoría y apenas he llegado por delante de 3 o 4 corredoras/es. Otras/os abandonaron por el camino o no superaron los tiempos. Nada de eso importa, solo importa haberme superado una vez más, haber cumplido un nuevo sueño, un nuevo reto.

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En realidad, por más que a través de estas extensas entradas en mi blog trate de explicar las sensaciones o vivencias de estas carreras, no creo que nada pueda hacer llegar a quien se atreve a leerlas la placentera sensación de alcanzar la meta después de tanta preparación, de tanto soñar con conseguirlo y de tanto sufrir por seguir adelante.

Os dejo un enlace a la ruta en Strava y wikiloc, y las clasificaciones finales completas.

En STRAVA: https://www.strava.com/activities/200144997

En WIKILOC: http://www.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=10361620

Clasificaciones: http://www.zonarfec.com/documentos/carreras/5/doc_542a611c2d9b21.17039022_clasificaciones.pdf

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Los alpes nos esperan

Esta entrada es la continuación y recuperación de las experiencias de Un viaje de locos y un viaje de locos II y ¿Probamos a hacer autostop?

14 de Julio. La mañana había amanecido con algo de niebla, algo típico en un paisaje de alta montaña, pero aún así lucia el sol. Nos disponíamos a dejar Vielha camino de la frontera con Francia y rumbo a nuestro próximo objetivo, las etapas de los Alpes y concretamente la que terminaba en Alpe D´huez. Más de 300 km en línea recta que se convertían en unos 600 o 700 km de recorrido. Todo esto guiados por nuestro precioso mapa de carreteras de Francia y siempre calculado a ojo.

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Mientras esperábamos en la parada del bus que nos llevaría hasta la frontera con Francia, concretamente hasta Fos, llenábamos un poco nuestros estómagos improvisando un desayuno aprovechando los recogido de la caravana publicitaria del Tour de Francia. Fos es un pequeño pueblo del departamento francés del Haute-Garonne. Allí, en Fos, debíamos coger otro autobús que nos llevara hasta St. Gaudens o Toulouse, dos de las ciudades más grandes de este departamento y en las que presumíamos que podríamos encontrar algún transporte hacia Grenoble, nuestro objetivo de viaje.

Pero, las cosas no siempre resultan tan sencillas como se planean. Llevábamos más de hora y media esperando un bus en Vielha y no pasaba ninguno. El tiempo se nos echaba encima y no podíamos seguir esperando, así que tomamos una nueva decisión, llegar andando hasta Fos. Aproximadamente 28 Km de recorrido cargados con dos mochilas cada uno y sin tener la certeza de llegar a una hora que nos permitiera poder coger algún autobús hasta el próximo destino. En cualquier caso, guardábamos una bala en la recámara. Una vez probada la experiencia de hacer autostop no dudábamos en volver a utilizarla en cualquier momento.

Caminábamos con paso tranquilo, extendiendo nuestra mano y sacando el dedo al paso de cada vehículo que oíamos, hasta que en un momento del camino un coche para. Nos acercamos, nos invita a subir, es francés y el coche pequeño así que ya que yo sí que chapurreo un poco el idioma a Jumi le toca ir atrás casi en el maletero. Le pedimos ir hasta St. Gaudens, pero el no llega hasta allí, así que le pedimos que nos deje en Fos.

Acabamos de recorrer 28 de los 600 Km que nos quedan por delante y ahora solo nos queda esperar un bus que nos lleve hasta Toulouse. Este es el momento en que descubrimos lo importante que es conocer las costumbres, la historia y sobre todo las fiestas del lugar que estamos visitando.

¿Recordáis que día estábamos comenzando nuestro camino hacia los Alpes? Efectivamente, es 14 Julio. Para que no lo sepa el 14 de Julio en Francia se celebra la fiesta de la Federación en conmemoración de la toma de la Bastilla que tuvo lugar el 14 de Julio de 1789. Es la gran fiesta francesa y… en estos pueblos no hay transporte público.

Toca decidir de nuevo que hacer. Hasta Toulouse nos separan unos 150 Km, así que la decisión está clara. Volvemos a caminar y sacar el dedo. Esta vez no caminamos mucho, apenas unos 3 o 4 kilómetros después de comenzar un coche para 100 metros delante de nosotros. No nos lo podíamos creer, Jumi estaba haciéndome una foto en el momento exacto de la parada y la reacción fue inmediata:

– ¡Acho ha parado! ¡Corre, ha parado!

Llegamos corriendo donde estaba el coche, una señora se baja y nos pregunta hacia donde vamos. En francés le contesto nuestro destino y ella al escucharme hablar pregunta

– ¿Españoles?

– ¡Sí! – contesto alegrándome de poder expresarnos ampliamente con ella.

Montamos en el coche, donde además viajaba su madre, una señora mayor muy agradable y que nos contó muchas historias de su país y de la costumbre de parar siempre a recoger a quien iba caminando. No lo he dicho, pero eran de Costa Rica.

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Al fondo nos esperaba el coche…

Durante el camino hacia Toulouse pudimos conversar de muchas cosas y vivir algún momento de risas, como cuando el hijo de la señora que nos recogió la llamó por teléfono y escuchó voces (él le tenía advertido que no recogiera a nadie en la carretera, que Francia no era Costa Rica y que podía pasarle algo), ella le decía que era la radio y nos mandaba callar. A veces no nos damos cuenta de como hemos ido construyendo la desconfianza entre nosotros, es lógico que pasen cosas desagradables a veces, pero la masificación de los sucesos negativos por parte de los medios de comunicación nos ha hecho concebir el mundo que nos rodea y más aún a quienes nos rodean como seres extraños y peligrosos de quienes conviene alejarse.

Llegamos a Toulouse, nos dejan en la misma estación de tren de Toulouse. ¡Objetivo cumplido! 150 kilómetros menos hacia los Alpes y aún nos quedan 2 días para alcanzarlos.

El tren hacia Grenoble no salía hasta las 00:13 horas, así que pudimos aprovechar para hacer un poco de turismo por Toulouse y conocer esta bella ciudad francesa.

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15 de Julio, 8:41 horas de la mañana. Llegamos a Grenoble, capital de los Alpes franceses. ¡Estamos en los Alpes!

 

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BIKES VS CARS ¿CUÁNDO ACABARÁ LA GUERRA?

Acabo de ver el último documental de Fredrik Gertten “Bikes vs Cars” (podéis verlo en filman por 2 euros). La verdad es que el documental en sí no tiene nada nuevo que no sepamos quienes, de una u otra forma nos movemos por nuestras ciudades en bici. Es decir, el documental merece la pena, por supuesto, pero no resulta indispensable para comprender la deriva que están tomando nuestras ciudades, desde las más pequeñas a las grandes aglomeraciones como Madrid o Barcelona.

Captura de pantalla 2015-06-09 a las 18.21.00

Sin duda mi frase favorita del documental es aquella que suelta un taxista de Copenhage, ciudad más que conocida por el volumen de ciclistas que diariamente circulan por sus calles:

“No es que odie a los ciclistas, tengo amigos ciclistas y son hasta majos”

¿No os recuerda a alguna otra frase parecida pero con distinto sujeto?

Los ciclistas somos un estorbo. Evidentemente, no somos un estorbo para todo el mundo, pero estorbamos. En la carretera, en las calles, por las avenidas, en los carriles o (quienes lo hacen) por las aceras. Quien aún piense que no es así, también puede deleitarse con el documental Guerra en las carreteras británicas y del que hablaremos en otra ocasión.

Habrá quien, quizás vea los problemas que se retratan en el documental de Gertten como algo lejano o para nada parecido a lo que se vive en las ciudades españolas, y por supuesto totalmente contrario a lo que acontece en Granada. Pero, quizás y solo quizás, tendríamos que preguntarnos por las constantes colas de coches en hora punta que se viven en diversos puntos de la ciudad o por las soluciones para hacer una ciudad habitable en movilidad para todas y todos.

La última gran muestra de estas soluciones, ha sido el criticado carril bici de Camino de Ronda. ¿Por qué resulta tan difícil aprovechar las obras que ya estaban en marcha para adaptar la amplitud de los carriles a la circulación y la convivencia de todas/os?. En el caso de Granada la gente de Biciescuela Granada y de la Oficina de la bicicleta de Granada están haciendo un gran trabajo de información, reivindicación y propuestas de cambio. La pregunta obligada es ¿hasta que punto el lobby del coche deja que las correspondientes instituciones pongan en marcha soluciones que van contra sus intereses?

Esta última pregunta, es abordada con bastante amplitud en el documental de Gertten, sin duda arrogando preocupantes respuestas. Por otro lado, cabe preguntarse si es el carril bici la solución a estos problemas, mi posición es contraria, por supuesto, a los carriles bicis que hoy en día se están construyendo en nuestras ciudades, pero en general a toda solución que no pase por un cambio en el paradigma movilidad y crecimiento que vivimos en nuestra sociedad. Si queréis más información sobre esto último, puede que os merezca la pena visitar la página enbicialtrabajo.wordpress.com y echar un vistazo a sus manuales y cursos.

El hecho de que, en mi opinión el documental no descubra nada nuevo para montamos en bici, no quiere decir que no sea 100% recomendable, para quienes están preocupadas/os por el futuro de nuestras ciudades, la movilidad dentro de ellas y en su periferia o para quienes están comenzando a adentrarse en el mundo de la bici, que afortunadamente cada día son más.

Gertten se adentra en distintas ciudades del mundo para presentarnos toda la problemática relacionada con la movilidad y con las luchas, soluciones y propuestas construidas por distintos colectivos ciclistas, desde Sao Pulo a Los Ángeles, pasando por Copenhage o  Toronto, donde cada 6 horas muere atropellado un ciclista y cada 3 un peatón, y que en la actualidad cuenta con un alcalde dispuesto a resolver los problemas del tráfico en su ciudad, eso sí, a su manera…

“Los ciclistas son un coñazo para los conductores” 

“badenes no estandarizados, señales de stop… todo aquello que sirva de obstáculo para los coches, está ahí.”

“no soporto los carriles bici”

(Rob Ford, alcalde de Toronto)

Para este señor, las soluciones a los problemas con el tráfico son la reducción del transporte publico, construir más aparcamientos a costa de carriles bici… No creo que haga falta comentar más.

Sin duda, si hay algo que destacar del documental es como Gertten logra enmarcar la lucha por los espacios en la ciudad dentro de lo que en realidad es, una lucha mucho más amplia por otra forma de convivencia, encuentro y respeto entre personas dentro los lugares que habitamos.

¿Podremos finalmente vencer a los lobbies y multinacionales del petróleo y el automóvil para garantizar unas ciudades más acogedoras con las personas y el medio ambiente?

Pincha aquí para ver el trailer del documental.

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